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Lise London, la mujer con sangre del Maestrazgo que sobrevivió al holocausto Lise London, la mujer con sangre del Maestrazgo que sobrevivió al holocausto
Lise en el pueblo de su padre, Cuevas de Cañart, en una imagen tomada en el año 2004. Foto cedida por la autora

Lise London, la mujer con sangre del Maestrazgo que sobrevivió al holocausto

Un libro recoge la historia de once republicanas españolas que estuvieron en campos nazis
Cruz Aguilar

Entre las 132.000 mujeres capturadas de cuarenta países que padecieron humillaciones y atrocidades a lo largo de su estancia en el campo de concentración de Ravensbrück se encontraba un grupo de cuatrocientas españolas. En Noche y niebla en los campos nazis, editado por Espasa, la escritora y periodista Mónica G. Álvarez cuenta las historias de once supervivientes, antes, durante y después de su paso por el infierno. Entre ellas está la de Elisa Ricol López, Lise London, que aunque nació en Montceau-les-Mines (Francia) es hija de Federico, procedente de Cuevas de Cañart, y Francisca, que era de Dos Torres de Mercader.

El trabajo de su padre vinculado a la minería llevó a la pareja desde el Maestrazgo, pasando por Cataluña, a Francia, donde nació Elisa Ricol, quien, ya en su juventud fue militante antifranquista y contribuyó activamente a la creación de las Brigadas Internacionales, las unidades militares compuestas por voluntarios extranjeros de medio centenar de países que participaron en la Guerra Civil española junto al ejército republicano.

Mónica G. Álvarez, con la obra que presentará el día 9 en Zaragoza y que de la que está a punto de salir la tercera edición

Su vida, y la de otra decena de mujeres que lucharon por la libertad en España y en Europa, se aborda desde un punto de vista histórico pero también narrando aspectos vitales personales y, en todos los casos, contando con los testimonios de familiares cercanos.

La autora explica el abandono histórico que han padecido las mujeres que sufrieron el holocausto y de las que apenas se habla. “Es una pena porque el papel de estas republicanas, socialistas y comunistas, fue muy importante, si no hubiera sido por estas mujeres la resistencia francesa no hubiera funcionado correctamente, fueron claves para proteger a sus camaradas, ayudarles a cruzar los Pirineos, esconderlos, cuidarlos y curarlos”, enumera.

Doble sufrimiento

Además de como prisioneras, las protagonistas tuvieron un sufrimiento doble por el hecho de ser mujeres al ser agredidas sexualmente y sufrir experimentaciones médicas ginecológicas, apunta la escritora, quien detalla que prácticamente todas las mujeres las padecieron de una u otra forma.

Foto de Lise tomada por la Policía cuando fue encarcelada en 1942

El libro, que se publicó en mayo de este año y cuya tercera edición ya está en camino, se presenta mañana, 9 de septiembre, en el antiguo Salón de Plenos de la Diputación de Zaragoza, en la capital aragonesa. Durante el acto, González Álvarez hablará de las tres aragonesas que hay en el libro, Lise London -cuyos padres eran del Maestrazgo turolense– y Elisa Garrido y Alfonsina Bueno, ambas nacidas en la provincia de Zaragoza.

Además de las tres aragonesas, en Noche y niebla en los campos nazis se recoge la historia de Olvido Fanjul Camín, Neus Catalán Pallejà, Braulio Cánovas Mulero, Constanza Martínez Prieto, Mercedes Núñez Targa, Conchita Grangé Beleta, Lota García Echevarrieta y Violeta Friedman.

La parte más sustancial de cada capítulo es la dedicada a la vida en los campos nazis. Hay hechos que sobrecogen por el valor de aquellas mujeres, como el enfrentamiento con los guardias o los sabotajes a la producción de armas. Y es que en los campos de concentración fueron sometidas a un duro trabajo físico que, además, minaba su moral. Debían dejarse la piel –quien no trabajaba, no comía– en fabricar proyectiles que mataban a sus compatriotas o descoser los uniformes de sus enemigos.

Para sabotear a los nazis desde dentro trabajaban en equipo incluso a la hora de cazar moscas que colocaban en la zona donde se alojaba el detonador de las balas para evitar que explotase y, con ello, intentar salvar una vida de los suyos.

Artur y Lise en Moscú en 1935. Foto cedida por la autora

En el libro queda muy claro el apoyo entre las prisioneras, que se ayudan de unas a otras aun poniendo en riesgo su propia integridad. Sin embargo, esta sororidad no se replicaba por parte de las guardianas. “Es un tema en el que no profundizo porque ya lo abordé en un libro anterior, pero es verdad que las guardianas eran más violentas, incisivas, tétricas que los guardianes, incluso los camaradas nazis hombres temían a sus compañeras por la forma truculenta que tenían de matar”, asegura la autora.

Cultura para salir del infierno

Uno de los estatus más temidos por todos los prisioneros, tanto hombres como mujeres, y que da nombre al libro, fue el de Nacht und Nebel (NN). Los Noche y Niebla, además de estar privados de libertad, tenían prohibida cualquier comunicación con el exterior, vivían en precarias condiciones que dificultaban mucho su supervivencia y, por tanto, estaban condenados, literalmente, a desaparecer.

Entre las múltiples historias cotidianas que se reflejan en el libro está la realización de actividades culturales, como teatro, poesía o una biblioteca escondida, en los barracones como forma “de escapar” de la cruda realidad que les rodeaba. En este sentido, la autora destaca como una característica del ser humano “su capacidad de encontrar la vía de escape para sobrevivir a una tragedia”. Superarla mentalmente “era imposible”, pero logran crear “un mundo idílico” que, aunque sea durante unos minutos, les evade y les da destellos de felicidad. Mónica G. Álvarez recuerda las palabras de Neus Catalán, superviviente que llevó a cabo una importante labor de recopilación de las historias de las republicanas españolas, quien aseguraba que el campo de concentración fue su universidad, el lugar donde aprendió de otras culturas y sobre todo a respetar a personas que pensaban diferente.

Lise en la primavera de 1942. Foto cedida por la autora

Una forma de soportar ese dolor era contar historias de su vida anterior, repasar recetas de cocina mientras su estómago rugía de hambre o pensar en sus seres queridos. Precisamente Lise London fue una de las pocas a las que recordar a su marido y sus hijos, que quedaron al cuidado de sus padres no le ayudaba a sobrevivir. “No se aferraba a su familia y a ese amor porque era su punto débil, fue capaz de desdoblar la mente y no pensar para no hundirse”, relata la escritora de Noche y niebla en los campos nazis. Añade que “cada persona encontraba su resorte” para la supervivencia y el de London fueron sus ideales políticos.

Todos los capítulos tienen una estructura similar. Se abren con una fotografía de la protagonista y una palabra o una frase que, para Mónica G. Álvarez, define y simboliza su carácter o su trayectoria personal. Cada capítulo se divide en varios apartados temáticos que recorren, de forma cronológica, una biografía, enmarcándola en los acontecimientos históricos que le tocó vivir y presentándonos a los personajes más significativos de su entorno. El primer apartado de cada capítulo es una aproximación muy personal a esa protagonista a través de los recuerdos de sus familiares, una de las aportaciones más interesantes y novedosas del libro.

Toda la familia London en Praga, 1956. Foto cedida por la autora

La escritura de Mónica G. Álvarez es cercana, didáctica e incluso con cierto humor cuando relata anécdotas personales, aunque el principal rasgo a destacar del libro es su empatía con las protagonistas. Aborda el relato de los hechos más duros sin recrearse en la descripción de la violencia, dejando que sean las protagonistas quienes expliquen, con sus propias palabras, los hechos más relevantes, a partir del material documental que ha reunido y de los escritos de carácter autobiográfico o entrevistas personales concedidas a lo largo de sus vidas.

La periodista ha estado dos años trabajando en el libro y la selección de las once mujeres protagonistas la hizo tras un arduo proceso de investigación en el que el pilar clave fueron las entrevistas a los familiares. “Este libro tiene de diferente que ofrece el punto de vista personal de las familias, que cuentan cómo eran sus madres, tías o abuelas”, especifica.

Decir no a la injusticia

Aunque narra la historia de once republicanas advierte que no es un libro político, sino de historias humanas y personales que pretende darles visibilidad y que la voz de los deportados a los campos de concentración no sea solo masculina. Las describe como “heroínas que lucharon por la libertad de todo un país, por la democracia, el feminismo y la justicia social”, dice y, parafraseando a la propia Lise London, recuerda que “un resistente nace cuando sabe decir que no a algo que cree injusto y se niega a actuar contra su conciencia”.

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