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Los artesanos recuperan el pulso en Artemón, la feria de los oficios más veterana de Teruel Los artesanos recuperan el pulso en Artemón, la feria de los oficios más veterana de Teruel
Numeroso público se concentró durante toda la mañana en la avenida San Juan Bautista, donde estaban repartidos los puestos y se realizaron los talleres

Los artesanos recuperan el pulso en Artemón, la feria de los oficios más veterana de Teruel

La muestra de Monreal acoge a 35 expositores y se completa con el Festival de Música Tradicional
Cruz Aguilar

La pandemia ha sido especialmente dura para el sector de la artesanía, ya que la mayor parte de las personas que se dedican a ella venden en ferias, suprimidas del calendario durante todo 2020 y celebradas con cuentagotas en 2022. Por eso el cálido ambiente, en todos los sentidos, de Artemón, la Feria de Artesanía de Monreal del Campo, que es la más veterana y multitudinaria de la provincia de Teruel, ha servido este fin de semana para recuperar el pulso.

Artemón ya se celebró el año pasado como medida de apoyo a las personas que cada año se desplazan hasta allí para vender, pero todavía había muchas reticencias entre el público a consecuencia de la covid. Este año el buen ambiente se palpa en las calles, donde se notan las ganas de fiesta de vecinos y visitantes.

El alcalde de Monreal del Campo, Carlos Redón, destacó que la feria cuenta con actividades durante todo el día y “para todo tipo de público”. Así, los talleres para niños y las actuaciones en la calle se sucedieron durante toda la jornada del sábado, desde la inauguración, a cargo de la Asociación de Amigos del Tambor y el Bombo de Monreal del Campo, hasta bien entrada la noche, que concluyó con una discomóvil en el Patio de las Beltranas.

Los representantes institucionales durante su recorrido por los puestos tras la inauguración de la feria Artemón

El ambiente festivo de la mañana lo puso la charanga y los cabezudos, que recorrieron las calles del pueblo persiguiendo a niños y no tan niños. La feria incluye el Festival de Música Tradicional, en el que participan a lo largo de este fin de semana cinco grupos, entre los que hay varios aragoneses y uno procedente de La Rioja.

Un total de 35 artesanos trabajaron ayer en directo en la avenida San Juan Bautista, que es el espacio al que se trasladó la feria ya el año pasado y que se ha mantenido porque, como apuntó el primer edil, ofrece mayor espacio tanto para los puestos como para el público. Todos ellos son personas que trabajan con sus propias manos y que han sido seleccionadas por Amata, la Asociación para la Mejora de la Artesanía Tradicional y Actual y que se ocupa de la organización de mercados totalmente artesanos. Su responsable, Elvira Geurts indicó que se cuida mucho que sean personas “que trabajan con las manos”. Añadió que no piden el carné de artesano, porque es un documento que acredita que saben hacer el trabajo, pero no que el producto que venden haya sido fabricado por ellos mismos, que es lo que piden en las ferias organizadas por Amata, donde retiran de las mesas todo lo que no ha sido elaborados por ellos mismos.

En este sentido, precisa que tras la pandemia se ha notado un mayor interés tanto por parte de los ayuntamientos como del público por contar con productos artesanos 100% y destacó que no solo han recuperado la actividad, sino que tienen programadas entre tres y cuatro muestras al mes, una cifra muy elevada para lo que era habitual en años anteriores.

Una niña modela con el torno un cuenco con ayuda del alfarero Miguel Carrión

En cuanto a la receptividad del público, Geurts puntualiza que en las ferias que han desarrollado hasta ahora ha habido expositores que “han salido un poco más flojos de lo habitual, pero otros han tenido muy buenas ventas”, comenta. Lo que sí han notado es que la gente compra menos, aunque de más calidad. Amata lleva 13 ediciones organizando una feria que este año cumple 27 años y 26 ediciones, al no celebrarse la de 2020.

Respeto del público

Las ventas ayer por la mañana no habían sido cuantiosas en Artemón, pero los expositores tenían confianza en que se incrementasen por la tarde y a lo largo de la jornada de hoy, en la que también estarán abiertos. De todas formas, todos ellos coincidieron en señalar que lo que les lleva hasta Monreal del Campo no es solo hacer negocio, sino lo bien que les trata el ayuntamiento y el recibimiento del público. Encarna Tarín, de Manises, en Valencia, lleva tres años participando y aseguró que le gusta estar en Artemón porque “la gente es muy respetuosa” con su trabajo.

Juan Carlos Fuster talla figuras de todo tipo con madera de ébano, palo rosa, sabina, nogal y olivo, entre otras. Comenzó a hacerlo como terapia al dejar su empleo de mecánico para cuidar de un familiar con discapacidad y ahora vive de ello. Ayer las ventas no le habían ido demasiado bien: “Está la cosa muy floja, a ver por la tarde”, confió.

Isabel Campos, que es de Tibi (Alicante) realiza piezas cerámicas y es una veterana de la feria, tanto que ha perdido la cuenta de los años que lleva asistiendo, “pero entre cinco y diez, seguro”, dijo. Comentó que entre las ventas y lo que le pagan por realizar el taller le merece la pena, además “la valoración no solo es económica, en Monreal estás muy a gusto”, aseguró.

Luisa Marín es la única artesana de Monreal del Campo que ayer vendía sus productos en la feria y señaló que, aunque sus complementos de origami están disponibles durante todo el año para los vecinos, en la feria las ventas siempre son buenas. “Es sorprendente y de agradecer, pero la gente del pueblo me compra mucho en la feria”, precisó.

Los juegos tradicionales también conquistan a los niños de hoy, como se aprecia en la imagen

Entre los participantes había varios artesanos que acudieron desde Toledo, algunos de ellos por primera vez, como Mamen Jiménez, que se desplazó para huir del calor de su tierra pero no lo consiguió, puesto que las temperaturas ayer en la muestra rozaron los 40ºC durante buena parte de la jornada. La artesana, que se dedica a crear joyas en arcilla polimérica, mucho más ligera y resistente que la convencional, matizó que este año están tomando el pulso al mercado “para ver si vuelve a remontar”, recalcó, tras dos años duros en los que ella se ha dedicado a hacer acopio de productos para tener más oferta ahora.

Su compañero de puesto y también toledano, Maxi Zarza, hace juguetes y reproducciones de aperos de labranza en madera, pero estos dos años ha cambiado la lija por el azúcar para fabricar mazapán y turrón como forma de ganarse la vida.

Entre los puestos había algunos que dejaban al público interactuar, como el de Miguel Carrión, quien permitía a niños y mayores mancharse las manos de barro para tornearse su propia pieza en cerámica. También hubo talleres para el público en general y entre ellos tuvo un gran éxito el de talla de pizarra, en el que los más pequeños pudieron sacar su lado más creativo con el punzón.

Las actuaciones del Festival de Música Tradicional contaron con los aplausos de los asistentes, sobre todo la que tuvo lugar por la tarde en la que la agrupación local La Rosa del Azafrán y el grupo Xinglar sumaron sus voces para ofrecer un espectáculo diferente y sorprendente.

El espectáculo de pompas de jabón atrajo la atención principalmente de los niños ayer en Monreal del Campo

Los actos continuaron durante toda la jornada del domingo, con juegos tradicionales. cabezudos y charanga en la plaza Mayor y talleres y demostraciones de oficios en la avenida San Juan Bautista. Por la tarde tendrá lugar la actuación del Dúo Viura y, después, la de la banda folk Ara-ur.

Productos hechos a mano que en internet no encuentran su espacio

Estos dos años han sido especialmente complicados para los artesanos y muchos de ellos han tenido que buscarse trabajos fuera del oficio para poder subsistir. Otros han probado con la puesta en marcha de espacios en la red para la comercialización de sus productos e incluso Amata, la Asociación para la Mejora de la Artesanía Tradicional y Actual, abrió la página puebloartesesano.es en la que cada socio ofrece su artesanía. El resultado no ha sido bueno puesto que, según explica la presidenta de Amata, Elvira Geurts, cuentan con muchas visitas y numerosas felicitaciones, pero apenas se producen transacciones comerciales.

Y es que, como apunta Luisa Marín, artesana de origami en Monreal del Campo, sus productos llegan al cliente “en los mercados, por el contacto con la gente, explicándole cómo se hace, lo tocan y se lo prueban, es la interacción con el público lo que vende”, asegura.

Esto también lo explica Elvira Geurts, que plantea que el cliente quiere comprobar cómo se hace y que realmente está hecho a mano. La falta de ferias ha provocado, según la responsable de Amata, que muchos profesionales de diferentes oficios hayan tenido que buscarse la vida en otros sectores, como la construcción o la hostelería.

Miguel Carrión se dedica a la cerámica, un oficio que aprendió de su abuelo, y lo combina con la recolección de la aceituna en Jaén, su tierra. Sin embargo, durante estos dos años los trabajos en el campo, que habitualmente solo le ocupan cuatro meses, ganaron peso en detrimento del torno de alfarero, que tuvo que dejar aparcado. “En invierno me dedico a otra cosa porque el torno con el frío tampoco funciona bien, pero en estos dos años me he dedicado al campo en invierno y en verano, incluso me he ido a Francia”, señala.

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