Síguenos
Tronchón, escenario de lujo para dos cuentos de la ilustradora catalana Aurora Lago Tronchón, escenario de lujo para dos cuentos de la ilustradora catalana Aurora Lago
Las estrellas y el limpio cielo del Maestrazgo tienen un gran protagonismo en los cuentos

Tronchón, escenario de lujo para dos cuentos de la ilustradora catalana Aurora Lago

La dibujante ha autopublicado ambas obras, que están disponibles en la web del municipio
Cruz Aguilar
Aurora Lago Galera descubrió las estrellas ya de adulta en Tronchón –ella se crió en Barcelona, donde dice que se pueden contar con los dedos de la mano en el pequeño trozo de cielo que asoma entre los edificios que rodean su casa– y lo que vio le dejó “anonadada”, asegura. Hasta el punto de que esa panorámica fue la fuente de inspiración para la realización de su primer libro ilustrado con la localidad del Maestrazgo como escenario de fondo y, a la vez, protagonista silencioso.

Durante 25 años (recientemente se ha jubilado) fue ilustradora profesional y se dedicó a pintar a mano todo tipo de dibujos y fondos para enciclopedias, cuentos y películas. Sin embargo, sus cuentos inspirados en Tronchón y con Alba como protagonista constituyen el trabajo más íntimo y personal de todos los que ha realizado a lo largo de su carrera.

Muy íntimo y personal


La protagonista tiene mucho de ella misma. Desde el nombre –Alba y Aurora tienen el mismo significado, amanecer– hasta los personajes que aparecen, como Lucerito, que es el gato que la propia autora tenía de niña, o Milagros, que es la abuela de la protagonista del cuento y toma el nombre de la madre de la autora.

Los cuentos reflejan en cierta forma una historia personal: “Es una niña que puedo ser yo misma cuando era pequeña”, asegura, para añadir que ubicó la historia en Tronchón porque le parecía “más enriquecedor”. En Barcelona no es posible vivir de cerca la naturaleza, el cielo estrellado o disfrutar de los árboles, a los que a Lago le gusta abrazarse para compartir la energía.

Los dos cuentos fueron autopublicados y no se pueden comprar, ya que solo editó algunos para uso propio y regalarlos a los amigos, pero Aurora Lago Galera los ha puesto a disposición de todos los vecinos de Tronchón y otros lectores a través de la página web del Ayuntamiento. A todos los habitantes de la localidad y veraneantes les ha gustado mucho ver los paisajes convertidos en coloridos dibujos.

El cielo y los sueños


El primero de los cuentos editados por la ilustradora lleva por título El sol, la luna, Alba y Lucerito y surgió tras el descubrimiento por parte de la autora de las miles de estrellas que hay en el cielo, una imagen que descubrió en Tronchón. “Está dedicado al milagro de la vida y también al papel que los abuelos tienen para mostrar a los niños la riqueza de lo que les rodea”, relata.

El segundo, Alba y las ventanitas mágicas, busca mostrar cómo tener amistad con otros niños enriquece porque “las aspiraciones y sueños de otras personas te abren ventanas a ti para descubrir más cosas”, manifiesta.

El proceso de creación de ambas obras fue largo, ya que tardó un año para una y año y medio para idear, diseñar y crear la otra. “Primero tienes que tener la idea, luego programar las páginas y los textos y, a partir de ahí, empezar a hacerlo página a página”, enumera la artista.
 
La autora de los trabajos, Aurora Lago Galera, muestra en un columpio su espíritu infantil

 
Lago Galera ha “vivido del cuento, que no es nada fácil”, advierte, durante 25 años. En este tiempo ha trabajado para los estudios Beaumont, con los que pintó los cómics y enciclopedias de la serie televisiva Érase una vez la vida. También estuvo a las órdenes de los estudios Disney en la realización de los cuentos inspirados en las películas. “Lo que hacíamos era trabajar en equipo y cada uno teníamos una función, la mía era poner color a fondos y personajes”, relata, para añadir que toda la labor se realizaba a mano, con acuarelas, aerógrafos, pinturas acrílicas e incluso lápices de colores.

Por otro lado, también ha formado parte de equipos de elaboración de pinturas de dibujos animados, pero en la época en la que se decoraban fotograma a fotograma: “Estábamos unas 200 personas trabajando en ello y te pasabas un mes para pintar los  fotogramas necesarios para 20 segundos de película. Ahora con el ordenador supongo, porque no lo conozco, que irá más rápido, y las figuras son en 3D, que cuando yo trabajaba eran bidimensionales”, recuerda. Su trabajo era todo prácticamente a mano, muy artesanal, apostilla.

Ahora sigue pintando porque, relata, pintar y leer las dos grandes aficiones que tenía de niña y que sigue practicando. Sin embargo, ahora ya solo trabaja para ella misma o para hacer regalos: “Es una forma de expresar lo que siento y lo hago para mi satisfacción personal”, dice, para añadir que, aunque ha recibido algún encargo, lo ha descartado porque le generaba ansiedad.

Su vida en el pueblo transcurre con tranquilidad y, en ocasiones, no se lleva ni siquiera las pinturas al Maestrazgo, por lo que parte de los trabajos que realiza allí son con lápices de colores. Su reciente jubilación hace un año le ha permitido pasar más tiempo en Tronchón y descubrir la primavera en la localidad, una faceta que era hasta este año desconocía.

El redactor recomienda