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Un protocolo de 1523 narra el hallazgo de la imagen de la Virgen de Monte Santo un año antes en Villarluengo Un protocolo de 1523 narra el hallazgo de la imagen de la Virgen de Monte Santo un año antes en Villarluengo
Manuel Gil consulta en el Archivo Provincial de Teruel el protocolo notarial de 1523 que narra el hallazgo de la imagen de la Virgen de Monte Santo

Un protocolo de 1523 narra el hallazgo de la imagen de la Virgen de Monte Santo un año antes en Villarluengo

La investigación de Manuel Gil sobre el apellido Balfagón le lleva a localizar el documento cuando se cumplen 500 años del suceso que originó la fundación del convento

La investigación de un particular, Manuel Gil, sobre el origen en Villarluengo del apellido de su mujer, Teresa Balfagón, le ha llevado a localizar en el Archivo Provincial de Teruel el protocolo notarial original de 1523 que narra el hallazgo de una imagen de la virgen solo unos meses antes, en agosto de 1522. La aparición de la estatuilla encontrada por el pastor Juan Herrero en la loma de San Cristóbal dio origen a la fundación en 1540 del convento de Monte Santo, cuya fundadora y primera abadesa fue Sor María Balfagón, oriunda de esta localidad del Maestrazgo.

El hecho protagonizado por el pastor fue plasmado en otro protocolo notarial dos siglos después, en 1728. Es este documento el que se utiliza como referencia en todas las publicaciones referidas a la tradición de la Virgen de Monte Santo y a la historia del convento y en él se reproduce fielmente el contenido del protocolo de 1523, pero según explica Manuel Gil, hasta ahora nunca se había publicado el original.

“Este tema me recuerda al protocolo de Yagüe de Salas, que en 1619 transcribe la historia de los Amantes de Teruel que había leído en el llamado Papel de Letra Antigua datado en 1217 y que está desaparecido”, afirma Gil, que prepara el libro Toda una vida sobre toda la información que ha recopilado durante la investigación que inició a finales de 2018.

En el caso de Villarluengo, él no ha conseguido encontrar el documento de 1728, a pesar de que dispone de todos los de ese año depositados en el Archivo Provincial de Teruel. Sin embargo, en su búsqueda se encontró con una sorpresa: el protocolo original que redactó el notario Jaime Gil el 24 de mayo de 1523, solo nueve meses después del hallazgo de la imagen de la virgen al que este documento pone fecha exacta: el 17 de agosto de 1522.
 

Protocolo el que el notario Jaime Gil redactó en 1523 y que da fe del hallazgo de la imagen de la virgen que se venera en Villarluengo


 

Pero ¿cómo llegó a este punto Manuel Gil? Fue a raíz de las indagaciones que inició a finales de 2018 con el objetivo inicial de buscar a los ascendientes de su mujer por línea paterna, los Balfagón de Villarluengo, de los que ha conseguido identificar 16 generaciones.

Sus fuentes han sido el Archivo Provincial, el portal Documentos y Archivos De Aragón (DARA) y el Portal de Archivos Españoles (PARES), así como diversos libros y tesis doctorales.

A raíz de sus consultas con el objetivo inicial de la genealogía familiar, fue recopilando información colateral que le han llevado a incorporar nuevos capítulos a su libro. Están dedicados a hechos relevantes acontecidos históricamente en Villarluengo, a hijos ilustres de la localidad y, sobre todo, a la historia del convento de Monte Santo y a su fundadora, Sor María Balfagón, cuya vinculación al linaje de su mujer no ha podido demostrar aunque compartan apellido.

Entre las dificultades que encontró para seguir la pista a los Balfagón figuran la desaparición de los libros parroquiales -y por lo tanto de las partidas de nacimiento y de defunción-, que fueron quemados en la Guerra Civil. Sin esa información, su principal fuente documental han sido los protocolos notariales que se conservan en buen estado y que recogen capitulaciones matrimoniales, testamentos y codicilos (escritos de últimas voluntades).

Para acotar la información, se limitó a seguir la línea paterna en cada generación, el linaje, obviando líneas colaterales que habrían hecho inabarcable su tarea. Así logró seguir la genealogía de su mujer en 16 generaciones, hasta mediados del siglo XVI, identificando a un primer ascendiente: Joan Balfagón.

Sin embargo, no pudo remontarse más en el tiempo y seguir añadiendo antecesores al árbol genealógico al chocar con diversas dificultades que le impidieron hilar el parentesco: convivencia en el municipio de varias ramas de Balfagón o coincidencia de nombres de pila que hacía imposible confirmar cuál era la línea correcta, teniendo en cuenta que hasta mediados del siglo XIX no se generalizó el uso del segundo apellido, el materno.

Además, el repertorio de nombres de pila de uso común era muy limitado, de forma que en la misma época podían convivir en la población varias personas llamadas Juan, Domingo o Bartolomé Balfagón y Gil no podía confirmar el parentesco de unos u otros.

“Aquí me encuentro con verdaderos problemas para aseverar cuál es el ascendiente correcto, puesto que hay una maraña de nombres que dificultan mucho el continuar con la lista de antecesores, aun cuando no cejo e insisto. Así pues, ya no consigo determinar fehacientemente el parentesco, he seguido catalogando protocolos y así sigo remontando y en muchas escrituras aparece el apellido Balfagón en los siglos XIV al XVI”, detalla el autor.

El documento más antiguo que encontró de este apellido se corresponde con el amojonamiento de los términos de Villarluengo y la Cañada de Benatanduz, está fechado en 1331 y uno de los firmantes era Andreu o Andrés Balfagón.

“Viendo las fechas, y aunque no puedo establecer con seguridad, me atrevería afirmar que los Balfagón estuvieron desde que se fundó Villarluengo, que fueron colonos valientes, puesto que este territorio se incorpora a principios del siglo XIII al reino de Aragón, convirtiéndose en tierra de frontera ante el reino moro de Valencia”, señala Manuel Gil.

En cuanto al origen del apellido, reconoce que no ha podido determinarlo y que existen varias hipótesis abiertas, entre ellas que esté vinculado con el condado de Balfagona -que en otras fuentes aparece como Valfagona o Vallfogona-, que correspondiera a personas procedentes de Vallfogona de Riucorb (Tarragona), que perteneció a la Corona de Aragón y donde hubo un castillo de la Orden del Temple, a la que se encomendó la repoblación de las tierras altas del Maestrazgo durante el siglo XIII. “Es muy posible que algún originario de esta comarca tarraconense fuese a luchar a las tierras altas del Maestrazgo que era zona fronteriza o como colono atraído por las cartas de población de los templarios”, aventura Gil.

En su libro, sigue la pista también de los Balfagones que han sido “viajeros por el mundo” y detecta la presencia de este apellido en lugares como Murcia, Sevilla, Madrid, Chile o Filipinas.

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