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Juan Carlos Ortega, humorista y escritor: “No existe el humor blanco por completo, pero hay que dar los capones con cariño” Juan Carlos Ortega, humorista y escritor: “No existe el humor blanco por completo, pero hay que dar los capones con cariño”
Juan Carlos Ortega visitará el Teatro Marín este viernes

Juan Carlos Ortega, humorista y escritor: “No existe el humor blanco por completo, pero hay que dar los capones con cariño”

La popular voz de la SER lleva este viernes al Teatro Marín su espectáculo cómico ‘La Radio de Ortega’

Juan Carlos Ortega da voz a Marco Aurelio en sus análisis de actualidad en la cadena SER y a multitud de personajes, a cual más surrealista, en Las Noches de Ortega. Su humor es de lo más ingenioso del panorama actual en España, y este viernes visitará el Teatro Marín para ofrecer, a partir de las 20.30 horas, su espectáculo La Radio de Ortega.

-Cuénteme en qué consiste su show.

-Es un espectáculo con la radio como protagonista, casi un homenaje al mundo de la radio. En el centro del escenario hay un locutorio pequeñito en el que iré haciendo un programa de radio, y en las pausas de publicidad haré otra serie de gags y sketches en los que participa el público. Así que serán como dos espectáculos, uno dentro del otro.

-¿Cuándo comenzó a hablar consigo mismo y, sobre todo, cuando empezó a cambiar la voz para hacerlo?

-La culpa es de la radio, que me gusta desde muy pequeño. Mi juego favorito era grabar programas de radio en un cassete de cinta magnética, y después ya con un magnetofón pequeñito que me compré. Inventaba programas y, como era un niño solitario, yo hacía de entrevistado y de entrevistador, me lo hacía todo. Así que empecé a imitar voces para que pareciera que había varias personas.

-¿De qué hablaban sus primeros programas?

-Eran muy tontos. Yo quería hacer un Protagonistas de Luis del Olmo, y entonces hacía sus secciones típicas, de entrevistas, actualidad... Y hacía las voces de los colaboradores, al principio muy chungas, muy poco creíbles, pero poco a poco les fui dando realismo. Porque hacer que una voz no parezca una parodia es muy difícil.

-Impresionan sus diálogos y cómo se interrumpe a usted mismo ¿alguna vez ha metido la pata en directo?

-Confundirme de voz no, pero a veces me ha pasado que un personaje responde una pregunta que no he formulado, que solo tengo en la cabeza. La verdad es que los diálogos y las entrevistas están muy guionizados, muy trabajados, está todo muy medido. Es un trabajo muy artesano y elaborado, como de carpintero.

-Uno de sus personajes populares, con nombre y apellido, es Marco Antonio Aguirre, pero además interpreta muchas personas distintas, de algún modo arquetípicas... ¿Para usted tienen existencia, identidad, más allá de ser una inflexión de voz?

-Sí, por supuesto. Cuando creo una voz creo su propio personaje, decido qué características tiene, le pongo un nombre y después echo mano de él cuando lo necesito. Por ejemplo ahora (por ayer) voy a grabar el programa de este viernes, y tengo previsto entrevistar a un mago. Pensando en cómo quiero que sea ese mago, me sale que tengo que poner la voz de Fernando, que es como decidí bautizar al personaje que se parece a él.

-¿Se inspira en alguien en concreto para construir esos personajes?

-Casi siempre me inspiro en familiares, pero no en familiares actuales, digamos, sino en personas que escuchaba cuando era niño, que es cuando las cosas nos marcan de verdad. Marco Antonio Aguirre es claramente mi abuelo, y una mujer que utilizo habitualmente está inspirada en una tía mía del pueblo.

-Sus personajes a veces son listos, a veces tontos, cándidos, malhumorados... pero siempre le dan sopas con onda al locutor.

-Sí, sí... el humano es siempre el tonto, el que queda mal, y los personajes siempre se llevan el gato al agua.

-Usted no da puntada sin hilo ni en las cuñas publicitarias. Siempre hay alguien que se lleva algún capón. ¿Existe el humor completamente blanco?

-Creo que no. El tema está en que los capones se dan con cariño. Yo creo que no hay que putear a la gente, a nadie en absoluto. Yo me meto con la SER o con sus locutores pero con cariño. De hecho estoy convencido de que para burlarse de alguien hay que quererlo. Hay cosas que odio, y cosas detestables, pero prefiero no parodiarlas ni burlarme de ellas, pero que se me notaría mucho que me caen mal. Por eso no me gusta la actualidad política, y prefiero mis temas y mis cosas.

-Hablando de sus cosas, usted hace o ha hecho humor, divulgación cultural y divulgación científica. ¿Con cual de esas vertientes se quedaría?

-Con el humor sin duda, porque me gusta mucho y es lo que mejor sé hacer. Pero lo que más, lo que más, lo que más me gusta es la divulgación científica. Mi sueño sería hacer una serie de divulgación científica infantil, un tipo Cosmos para niños.

-Siendo que ha trabajado en prensa escrita, radio y televisión... ¿cuál de los tres medios tradicionales saldrá mejor parado de la revolución digital, si es que alguno lo hace?

-Estoy convencido de que la radio, porque curiosamente, por alguna razón que ignoro, la radio no compite contra su alternativa digital. Mucha gente ya no lee las noticias en periódicos de papel sino en páginas web, y el público ya no ve la televisión como antes, sino que lo hace a través de las plataformas o de Netflix. Pero en el caso de la radio, la existencia de los podcast es incluso beneficiosa. Mucha gente se conecta a redes de podcast y descubre que hay programas de radio que no conocía, y empieza a escucharlos, y en muchos casos lo hace a través de la propia radio. Aunque no tengo datos al respecto, yo estoy seguro de que mi programa Las Noches de Ortega se escucha sobre todo en podcast, pero porque es a la una y media de la madrugada. Sin embargo a gente como Carles Francino, Carlos Herrera o Carlos Alsina estoy convencido de que se les sigue escuchando como siempre, a través de la radio, porque hablan de la actualidad más inmediata y gusta escucharlos mientras están sucediendo.

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