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Ramón Navarro, jotero: Ramón Navarro, jotero:
Ramón Navarro, durante su actuación en Calanda el pasado 23 de octubre, cuando el pueblo le dedicó una plaza

Ramón Navarro, jotero: "Una plaza en Calanda es el premio máximo al que hubiera podido aspirar"

El Premio Ordinario, Extraordinario y Galán Bergua ha difundido la jota en Cataluña durante siete décadas

Desde el pasado 23 de octubre, una plaza de Calanda lleva el nombre del oriundo Ramón Navarro, un ilustre de la jota aragonesa que ha difundido el folclore fuera de Aragón en su labor en los centros aragoneses de Barcelona, el Prat de Llobregat, Gavà y Sarrià. En 1961 conquistó el Premio Ordinario del Certamen Oficial de Jota de Zaragoza, en 1978 el Extraordinario y en 1980 el Premio Galán Bergua. Es también académico de Honor de la Academia de las Artes del Folclore y la Jota de Aragón. Con todo, asegura que el mayor homenaje que ha recibido a sus 84 años es el reconocimiento de su pueblo.

-¿Qué supone para usted tener una plaza en Calanda?
-Supone el premio más gordo que me he llevado en la jota, y eso que me he llevado los premios más importantes. Que me hagan una plaza en vida es el premio máximo al que hubiera podido aspirar.

-¿Tan insospechado ha sido?
-Han transcurrido tantos años desde que me llevé el Extraordinario y el Galán Bergua que ya no me esperaba una cosa así. Otros alcaldes que ha habido en Calanda ni siquiera me dieron la enhorabuena, pero de este alcalde (Alberto Herrero) sólo he recibido cariño. Estoy encantadísimo con el pueblo porque es impagable lo que me han hecho. Vino toda la familia y amigos como Nacho del Río, Beatriz Bernal, Vicente Olivares, El Panollo... Fue una cosa que me costó llorar, pero de alegría. Tengo que confesar que voy poco a Calanda porque recientemente he ido más a otro pueblo de la provincia de Teruel, Obón, con amigos. Pero en Calanda tengo dos primas hermanas y entro alguna vez.

-¿Cuándo se fue de Calanda para emprender una nueva vida en Barcelona?
-Han pasado muchos años. Desde los 17 que me fui de Calanda y ahora tengo 84, luego llevaré unos 67 años. Me casé con una catalana, aunque su padre era de Puertomingalvo y su madre de Mosqueruela. Ella bailaba y yo cantaba. Nos hicimos novios y nos casamos. El ambiente mío siempre ha sido aragonés, no he hecho otra cosa en mis ratos libres que cantar jotas en los centros aragoneses. Y cuando no era la jota, el guiñote, o salir a cenar. Si usted me oye ahora hablar, no se me nota un pelo que he salido de Aragón. Hice el taxi 30 años y los clientes me decían: “Usted es maño”. Y es que estoy orgulloso de mi tierra.

-Ha sido profesor de jota, y de los buenos.
-He estado 30 o 40 años enseñando en los centros aragoneses de El Prat de Llobregat, Gavà y Sarrià, y mi mujer enseñaba a bailar. Nuestra vida ha estado siempre dedicada a la jota. Y ahora, a la vejez, me vienen con estas... Ha sido la culminación. Aún hicimos ronda esa noche y me arranqué a cantar. ¡No cantaban casi nada, me tuve que arrear casi toda la ronda yo! Las animaladas que he hecho con la voz, no sé ni cómo me sale aún. Pero mira, es un don.

-¿Y cómo empezó a cantar?
-Con 18 años empecé en el Centro Aragonés de Barcelona. Un día en la taberna, con mi hermano que tocaba la bandurria, me metí, y al poco tiempo enseguida lo cogí. Hasta que en 1961 me llevé el Premio Ordinario.

-Los centros aragoneses hacen una labor encomiable.
-Sí, pero el de Barcelona está muy mal, no sé si no desaparecerá. Estuve más de 25 años cantando y el Extraordinario me lo llevé estando allí, pero me hicieron una jugarreta y me marché a Sarrià. La mayoría de los que aprenden jota son hijos o nietos de aragoneses.

-¿Con quién se las vio en el Extraordinario?
-Yo le temía mucho a Mariano Arregui, que era mejor que yo. La Pilarín Bueno también era muy buena, vino a mi homenaje en silla de ruedas. Con Carmen Cortés tengo cinco discos grabados. Ya vale, ya. Tengo una historia ya de tantos años y tantas anécdotas... He estado en Rusia, y en Egipto. He tenido muchas alegrías y alguna que otra enrabiada, porque este mundo artístico de la jota es muy complicado.

-¿Se ha considerado profesional de la jota?
-No, porque eres profesional cuando te ganas la vida con algo. Pero de esto no se vive. He decir que me ha ayudado bastante. Sin hacer dinero, pero dándote algún capricho.

-Pero para ganar concursos hay que saber un poco de esto.
-Me presenté poco porque no soy yo de mucho concurso. A mí la jota me gusta más en plan de juerga, la ronda es lo que más me gusta. Me he llevado dos primeros premios con Carmen Cortés, a dúo. Me presenté al Ordinario en 1961 y me lo llevé, y la verdad es que no pensaba presentarme más. Pero en 1977 fui al Extraordinario y, sinceramente, creo que me lo merecía más que cuando me lo dieron. Vicente Olivares se ha llevado cinco campeonatos o no sé cuántos, pero no quise presentarme más. A los dos años hicieron el Demetrio Galán Bergua, y el primero me lo llevé. Hay que dejar paso a otros.

-¿Tiene futuro la jota?
-Por la televisión veo los certámenes y hay gente muy buena. Yo siempre he cantado de oído y ahora aprenden solfeo; hay muy buenas voces, pero parece que no tengan afición. El otro día en Calanda había una chica buenísima, pero casi no cantaba. Si yo cogiera una voz como la suya se iba a hartar a cantar.

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