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Javier Lizaga

Tengo un amigo que, contrariado, en una de esas noches en que alguien venía quejándose por una decepción amorosa, puede que fuera yo, dijo una de las frases míticas de mi cuadrilla: “A mí, si una tía me dice que no, me la imagino cagando, y se acabó”. Shakira ha conseguido que a Piqué le entre mínimo cagalera. La colombiana ha rimado el típico mensaje que se suele dejar a las seis de la mañana, donde te dicen en qué contenedor está tu último regalo y dudan de la intención hasta del primer hola. El típico audio que empieza con “eres un gilipollas”.

Acabar una relación es despertarte después de una fiesta: todo está lleno de mierda, y se te pegan los pies y los insultos. No es la mejor mañana para invitar a desayunar churros a tu familia, ni para hacer una canción. Un temazo que es un fracaso. Dan ganas de regalarle una camiseta con “supéralo tía”, mientras uno piensa en lo jodido que estará Piqué, por no haber sabido ver venir el negocio.  Y luego estamos nosotros, que nos vamos a tener que comer una canción hecha por un tío con un organillo, que no se ha quitao ni las gafas y cuyo baile consiste en bracear, como los abuelos en las bodas.

La hija de un amigo, cuando le preguntó por los estudios, le dijo tranquilizadora: “Papá, el futuro no existe”. Quizá sea eso, que no entendamos. Ni lo que es un beef, ni el poliamor. No vamos a rajar contra el desamor, que, como el PP, tiene cuna en Galicia. Nada más terapéutico que gritar “que la vida te de” y “¿Quién no tiene el valor para marcharse?”. Incluso, aunque sea para justificar el lodazal, bienvenido sea recordar eso de “rata de dos patas”.

Pienso en el ex de Shakira, el de antes, tareareando “me enamoré, me enaa, ena..moré” y gritando “mira que ojitos bonitos…”, porque todos, hasta Shakira, somos presos de nuestras propias tonterías. O de pensarnos los reyes del mambo y escatimar en mermelada. Nos queda además un momento de esos virales, en plan Medico de Familia. Hace más por la igualdad la basura mediática que la socialdemocracia. Lástima que, clara-mente, ya solo nos reunamos para esto.

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