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Raquel Fuertes

Si saben de qué va este titular es que ya hace semanas que están vacunados con la pauta completa. Para los que no, se trataba de un programa televisivo que daba cobertura al plan de fomento del deporte base (seguro que tenía una denominación político-comercial más rimbombante) que se dio en España durante los 80 de cara a obtener buenos resultados en Barcelona 92 y que se tradujo en lo que fue nuestro gran éxito deportivo olímpico: sextos en el medallero, con 22 medallas.

A estas horas, cuando aún quedan días de competición por delante, España está en la posición 34 en Tokyo 2020. Juegos que se celebran en 2021 y sin público, con un ambiente y ubicación temporal casi distópicos en medio de constantes test PCR e intentando impedir al máximo las relaciones entre los desplazados. Pero la distopía no enmascara el mal resultado: los demás países también sufren el viacrucis de la covid y están en posiciones claramente mejores que la que abandera nuestro país. Como ejemplo, Australia: con la mitad de población que España, quinta posición en el medallero. Hagan cábalas.

¿Por qué? ¿Por qué el deporte en España solo se fomenta cuando mueve cifras millonarias y los demás deportistas malviven entre el esfuerzo y el abandono institucional? ¿Por qué no hay un plan nacional de fomento del deporte base (efectivo y no efectista) que ayude a practicantes de todo tipo de deportes?

He convivido con atletas de élite en concentraciones de máximo nivel y muchos me contaban que con la beca les llegaba apenas para pagarse el fisoterapeuta. ¿Cómo compatibilizaban supervivencia y deporte? Estudiar, trabajar y arañar horas a la vida y al sueño para intentar llegar más rápido, más alto, más fuerte. Casi solos. ¿Cómo llegar a la profesionalización en esas condiciones? Detrás de cada deportista olímpico hay una historia de esfuerzo, tesón y lucha que quedan diluidos tras unos resultados (por ahora) mediocres y que solo mejorarán si esos deportistas obtienen ayudas reales.

Los Juegos son un escaparate al mundo donde exhibir imagen de marca país. El deporte no es una frivolidad sino un indicador del carácter y el nivel de bienestar de un pueblo. No es un gasto invertir en que los jóvenes opten por el deporte (ejemplar el caso de Islandia) y por actitudes y formas de ocio saludables. Es una inversión que nos tenemos que marcar como objetivo. Como en aquel 92.

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