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Loren Fernández fue la primera mujer que llegó a la Comisaría de Teruel en 1989: “El problema no era con ciudadanos o delincuentes, sino con algunos policías” Loren Fernández fue la primera mujer que llegó a la Comisaría de Teruel en 1989: “El problema no era con ciudadanos o delincuentes, sino con algunos policías”
Loren Fernández en 1986

Loren Fernández fue la primera mujer que llegó a la Comisaría de Teruel en 1989: “El problema no era con ciudadanos o delincuentes, sino con algunos policías”

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Cruz Aguilar

Loren Fernández Carracedo fue la primera mujer, y durante bastantes años la única, en trabajar en la Comisaría de Policía de Teruel. Pertenece a la I Promoción del Cuerpo Nacional de Policía y se formó en la Academia de Ávila con otras 39 mujeres. Era 1989 y, con apenas 21 años, tuvo que bregar con veteranos policías que no entendían que la chica, como la llamaban en la Comisaría de Teruel –donde recaló tres años después de salir de la Academia- no solo pudiera hacer el mismo trabajo que ellos sino también cobrar lo mismo. Este rechazo solo lo expresaban unos pocos compañeros y, por contra, tenía el apoyo de todos los demás. También la sociedad turolense le mostraba su cariño cuando la veían de uniforme por la calle e incluso se sentía respetada por los detenidos. “Nunca jamás tuve un problema con ciudadanos ni delincuentes, el problema estaba con unos pocos dentro de la Comisaría”, relata.

En esos años hubo compañeros que no querían patrullar con ella y, aunque no fue en Teruel, también se topó con ciudadanos que se negaron a que los atendiera por ser mujer. Eran una mínima parte, asegura, pero su actitud resultaba muy dañina y, aunque delante de ellos se hacía la fuerte, cuando llegaba a su casa se venía abajo. También recuerda con orgullo que en esos años las mujeres siempre se dirigían a ella cuando acudían a la comisaría, quizás por esa sororidad tan presente en la actualidad y de la que en ese momento nadie había oído hablar.

Loren Fernández se siente pionera y asegura que también sus compañeras de promoción están orgullosas de “abrir una brecha para el resto de las mujeres”, dice. Hace unos años hicieron un reencuentro en el que incluso los profesores alabaron sus ganas por despuntar en el Cuerpo. Les reconocieron que en esos primeros años no sabían ni como tratarlas porque jamás antes habían tenido en clase a mujeres.

Demostrar la valía a diario

Para aprobar la oposición tuvo que pasar unas pruebas físicas, que eran las mismas que las de los hombres aunque variaban los tiempos, pero a lo largo de su vida laboral ha tenido que mostrar su capacidad día a día. “En todo momento tienes que demostrar que vales, que no tienes miedo, que sirves para hacerlo igual que ellos y que puedes solucionar los problemas que surgen. Al hombre todo eso, sobre todo la valía y la fuerza, se le da por supuesto. Y eso sigue pasando ahora, parece que la cosa ha cambiado, pero no”, lamenta.

La promoción de 1986 fue la primera, tras unificarse el Cuerpo Superior de Policía, que aglutinaba a policías de paisano, inspectores y subinspectores, y la Policía Nacional, que era una policía armada. “Fuimos la primera promoción de la policía democrática, ya con España en la Unión Europea, y dejamos de ser militares para pasar a ser un cuerpo civil armado”, relata la policía, que ahora está en segunda actividad.

Estudiaba en el instituto cuando le dijeron que las mujeres ya podían opositar a la Policía. No lo dudó un instante y se presentó en la Comandancia de la Benemérita de Córdoba para comunicárselo a su padre, que era guardia civil, al igual que su abuelo. Desde el primer momento tanto su padre como su madre la apoyaron “al 100%” asegura, aunque matiza que sí intentaron que esperara algunos años y terminara antes sus estudios. Loren lo tenía claro y no les hizo caso. A la primera oposición que se preparó no pudo finalmente presentarse porque no tenía la edad, pero la siguiente la sacó. Llegó a Ávila junto a otras 39 mujeres: “Allí nos dimos cuenta que no podían aprobar más chicas porque solo había dormitorios preparados para 40”, relata. Les dieron un uniforme tan grande que su madre tuvo que descoser el suyo entero y volver a unir porque no le valía. “El que nos hicieron cuando acabamos ya estaba hecho a medida y diseñado para mujer”, cuenta.

Loren Fernández junto a Joselito, tras una corrida de toros a la que acudió como policía y la intentaron echar por ser mujer

Las mujeres eran muy necesarias en el Cuerpo en ese momento puesto que, para determinados trabajos, como hacer los cacheos, los compañeros tenían que pedir colaboración a las policías locales, si las había. También resultaban muy útiles a la hora de realizar los seguimientos, puesto que una pareja pasaba más desapercibida que dos hombres. Las policías que llegaron en ese momento demostraron que las mujeres tenían mucho que aportar a una institución tan masculinizada.

1992, el antes y el después

El punto de inflexión de la presencia femenina en el cuerpo lo fija Loren Fernández en el año 1992, con la celebración de las Olimpiadas en Barcelona y la Exposición Universal en Sevilla. España quería mostrar a Europa un país donde la dictadura estaba más que superada y la Policía era un ejemplo más de esa modernidad, sobre todo porque el terrorismo de ETA seguía haciendo estragos. “Había mucho temor de un atentado en esos grandes eventos internacionales y tuvimos que estar, hombres y mujeres, todos a una”, explica la Policía. “Toda esa batalla que las mujeres teníamos que librar se normalizó en ese año”, relata.

Unidad de violencia de género

En 1993 se trasladó a Palma de Mallorca. Allí formó parte de la primera unidad creada en España específicamente para atender a las víctimas de la violencia de género. Un equipo pionero que pronto fue replicado en otras comisarías de España y ahora existe en todas. Eran unos años en los que la mujer que acudía a poner una denuncia de violación era atendida en un mostrador y debía relatar lo ocurrido al lado de otra persona a la que le habían robado el coche o la cartera.

En ese momento en Palma de Mallorca ya había una veintena de mujeres que, repartidas por todos los turnos, comenzaron a atender siempre ellas a las mujeres víctimas de violencia o agresiones y lo hacían en un despacho, en privado. El comisario enseguida vio que ese sistema funcionaba y ayudaba a proteger a las víctimas, de forma que se planteó crear una sección dentro del grupo de menores. “Nos metieron ahí, con formación cero, pero al menos teníamos sensibilidad”, recuerda ahora.

Loren Fernández es de Córdoba, donde ahora vive junto a su familia, pero ha pasado gran parte de su vida laboral en la ciudad de Teruel, de donde es su marido y a donde regresó en el año 2000, tras su destino de Palma de Mallorca. Dice que en Teruel se vive muy bien, porque “en lo que se refiere a delincuencia callejera hay mucha tranquilidad”. Otro aspecto que resalta es que “la sociedad turolense apoya a su Policía, sean hombres o mujeres, y así se trabaja muy bien”.

Loren, junto a sus hijos

Aplaudida por todo un estadio de fútbol en Mallorca

En todos sus años de trabajo acumula decenas de anécdotas, muchas de ellas derivadas de sus ganas de comerse el mundo. Cuando estaba en Alicante se ofreció voluntaria para ir a una corrida de toros y, aunque estaba de vacaciones, trabajó. Estaba en el callejón, vestida de uniforme, junto a un compañero, en la zona reservada para la Policía y uno de los trabajadores de la empresa le dijo que se tenía que ir de allí porque “las mujeres no pueden estar en el callejón”. Ella no abandonó su puesto y, al terminar la corrida, se hizo una foto junto a la estrella de la tarde, que fue Joselito.

Algunos años después en un partido de la Copa del Rey de Mallorca tuvo que salir fuera del campo para custodiar los vehículos policiales y, durante el recorrido hasta la puerta, todo el campo comenzó a aplaudirle. Tenía 21 años y pasó tanta vergüenza que ya no volvió a entrar. “Les hice todos los turnos de custodia al resto de los compañeros”, relata.

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