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Raquel Fuertes

Hay que ser casi un psicópata de libro para responder afirmativamente a las preguntas “¿Le gusta que los animales que va a comer vivan en condiciones de maltrato?”, “¿Le regocija saber que el chuletón que come hoy fue un ternero aplastado entre una multitud atiborrado a pienso y antibióticos sin ver nunca la luz del sol?”. Por supuesto, nadie en su sano juicio se sentiría feliz sabiendo que eso es lo que come. Pero, llámenme ingenua, creo que no son esas las condiciones de la ganadería en España. Tenemos unos estándares de trazabilidad y seguridad alimentaria tales, garantizados normativamente, que podemos estar tranquilos. Hasta que saltan las dudas a través de declaraciones descontextualizadas que luego se tratan como ningún manual de gestión de crisis comunicativas sugiere.

Y llueve sobre mojado. Llevamos meses con el chuletón en nuestro menú informativo . Ni entre los más carnívoros se ha consumido tanta carne en medios y redes. Y es que estamos llegando a un punto en el que nos acabaremos planteando si comer carne (o criarla) es pecado más allá de los viernes de cuaresma.

Primero la huella de carbono, el agua, la energía… Que el imbatible chuletón al punto era un atentado ecológico de primera magnitud que debíamos revisar para poner a girar el planeta en el sentido correcto. Ya entonces me llamó la atención que en la desafortunada manera de decir las cosas de Garzón no se buscara un bálsamo matizador que explicara la intención de las declaraciones (poco instruidas, pero con un punto de verdad y llamada de atención dentro del contexto de cambio climático y agotamiento de recursos) huyendo de la rotundidad de un discurso incoherente con las acciones privadas del ministro.

Y ahora esto. Lo que quizás quiso decir Garzón no era tan grave ni perjudicaba tanto a los ganaderos de este país como lo que nos llegó. Porque lo que nos han trasladado era tan grave que desde su propio Gobierno lo han dejado a los pies de los caballos. ¿Cómo que “declaraciones privadas”? Un ministro hablando sobre temas en parte de su competencia, en un medio de comunicación, es ministro 24/7. La situación requeriría una rectificación de Garzón contundente y otra del Gobierno dando las explicaciones pertinentes. Sin dejar sombra de duda sobre la calidad de la carne española.

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