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Raquel Fuertes

Siempre llueve en los días tristes. Quizás no llovió cuando las cosas sucedieron, pero las guardamos de tal manera en nuestro recuerdo que parece que ocurrieron entre lluvia. Aunque quizás fueran solo nuestras lágrimas.

Y recuerdas cómo pasaron los días tristes. Algunos tuvieron momentos dulces, amables, tiernos, cargados de futuro, intenciones y nuevos comienzos. En medio de la amargura, todo parecía posible mientras luchabas por creer que sí se puede. Y que también pasa lo malo.

Te esforzabas tanto que hasta olvidabas lo inevitable: a cada día le sucede una noche. Y esas noches, después de días llenos de melancolía y esperanza, reaparecían sin piedad cargadas con la oscuridad que durante el día escondías entre tus ganas de salir adelante, de poder con ello, de confiar ciegamente en que el amor todo lo puede.

Maldita oscuridad. Ni siquiera tiene un color. Ni siquiera es negra. Empieza con un vacío en el fondo de la garganta, cerca del pecho. Un hueco que se llena con los latidos rápidos de un corazón perdido que no quiere sufrir.

Los demonios salen a pasear por un alma devastada que busca paz mientras es incapaz de encontrar siquiera consuelo. O explicaciones. O motivos. Porque la vida a veces es tan dura y te pone tan a prueba que, al caer la noche, olvidas cuánto amas, cuánto vas a luchar para que este nuevo comienzo sea un para siempre.

Van pasando las horas. El sinsentido. Llega el amanecer. Aún más frío, lleno de erróneas clarividencias, de terrores grandes y pequeños que nublan tu pensamiento, incluso hasta tus sentimientos, mientras no consigues dormir. Tal vez hayas dejado de intentarlo y te hayas entregado a un insomnio cruel que te impide ver lo que está intentando contarte ese vacío del fondo de tu garganta. Quieres dejar de sufrir. Quieres vivir. Quieres amar.

Y llega el día. Ahora sí. Y no llueve. No. No dejarás que sea un día triste. Lo cargarás de ilusión, de ganas. De amor. Incluso te sentirás tan feliz por momentos que olvidarás que cada día tiene su noche. Y así, día tras día, luchando contra todo por lo que más quieres, por fin llegará una noche apacible, tranquila. En la que los demonios habrán desaparecido para siempre porque al final habrán ganado la vida y el amor. Lo importante. Y volverá la luz. Y la noche solo será el preludio de un nuevo día.

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