Síguenos
Raquel Fuertes

No sé qué hacía cenando tan tarde. Pasadas las nueve y media debían ser. Y es que, en casa, o no se cena o se cena con horario europeo. El caso es que la semana venía desordenada desde el principio (y peor ha continuado).

   En el zapping de noticiarios entre verdura y tortilla, esquivando las noticias futboleras (con lo que yo he sido…) y buscando algo más de información me tropecé con él: Pedro (Sánchez) entrevistado por Franganillo (Carlos) y, a pesar de ser la única opción informativa posible, acabé viendo (va confesión que intuirán por el titular) First Dates.

   No, no es que sienta pasión por Pablo (Casado) ni añoranza por Pablo (Iglesias), ni nostalgia por Albert (Rivera). No, simplemente, ya no puedo con ellos. Llevo trabajando desde los 18 y lo he visto un millón de veces: ante un problema, una organización ocupa casi todos sus recursos en buscar al culpable y si acaso algún verso suelto se dedica a buscar la solución.

   No lo soporto. Ante un problema lo que hay que hacer es buscar soluciones. Cuanto antes, mejor. Ya se “depurarán responsabilidades” (horrible eufemismo, ¿eh?) cuando llegue la hora de analizar la situación con retrospectiva y toda la información. Pero lo primero es atender al problema y evitar que el mal se extienda.

   No, no vi a Pedro y tampoco he visto las declaraciones de réplica de Pablo. Pero en lo que veo a vuelapluma de sus correligionarios solo escucho que quién empezó a subir la luz, quién se cargó las placas solares, quién privatizó, quién prometió… Quién. Cuando el problema es qué: la subida de la luz nos afecta a todos. Es estructural y arrastra desde el ahorro de las familias hasta el margen de las empresas y la inflación. Todo.

Las eléctricas (o “el maligno” hasta que me abran una de sus puertas giratorias) son lo peor, vale.  Pero un gobierno, un parlamento, tiene herramientas legislativas para poner freno a una situación que ha llegado a este punto por la coyuntura internacional y por la dejadez (“laissez-faire”) patria. Aunque ya hemos dicho que no se trata de buscar culpables sino soluciones. Entretanto, descubrí gracias a Carlos (Sobera) que una trieja es una relación afectiva y sexual estable entre tres personas. Interesante, ¿no? Mucho más entretenido que una nueva versión del “Yo no he sido” que tantas horas nos ocupa en la vida.

El redactor recomienda