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José Antonio Benavente, presidente del taller de arqueología de Alcañiz: “El patrimonio no sólo son piedras: se tratar de crear turismo cultural con paisaje, gastronomía y artesanía” José Antonio Benavente, presidente del taller de arqueología de Alcañiz: “El patrimonio no sólo son piedras: se tratar de crear turismo cultural con paisaje, gastronomía y artesanía”
Benavente, esta semana en el Centro Íberos en el Bajo Aragón. M. N.

José Antonio Benavente, presidente del taller de arqueología de Alcañiz: “El patrimonio no sólo son piedras: se tratar de crear turismo cultural con paisaje, gastronomía y artesanía”

Cuarenta años de preservación y el afloramiento de 300 yacimientos, muchos BIC, avalan la labor de la asociación
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Alcañiz es, con más de 300, el término de Aragón con más yacimientos arqueológicos catalogados. Se han multiplicado por diez desde que en 1984 surgiera el Taller de Arqueología de Alcañiz, que celebró cuatro décadas de historia el año pasado. Abrigos rupestres, poblados ibéricos o vestigios altomedievales han sido excavados e investigados de forma sistemática por voluntarios entusiastas bajo la dirección de expertos. Todos han contribuido a potenciar el patrimonio histórico del Bajo Aragón y darle un valor para el turismo cultural junto a otros elementos como el paisaje, la artesanía o la gastronomía. Porque la arqueología “no solo son piedras”, destaca el presidente de la entidad, José Antonio Benavente, que resalta el relevo generacional en la asociación y celebra que la ciudad tendrá pronto su ansiado museo.

-De los 33 sitios declarados Bien de Interés Cultural (BIC) en Alcañiz, 25 llevan el sello de los descubrimientos del Taller de Arqueología. Es un buen resumen de su labor.

-El Taller de Arqueología lo que hace es inventariar y catalogar todo tipo de manifestaciones hechas por el hombre, tanto antiguas como modernas, tanto en masadas como en cuevas, abrigos epipaleolíticos o murallas del siglo XIV. Dentro de ellos hay un porcentaje de BIC, pero algunos son discutibles en nuestra opinión porque es mucho menos importante una cubeta con canalillos de hace 200 años que otros elementos patrimoniales como la iglesia del Carmen u otras estructuras importantes que sin embargo no son BIC. Nosotros lo que hemos hecho es catalogar todo, otra cosa es que en un momento dado un técnico decidiera que algo se podía catalogar como arte rupestre, aunque no lo sea. Sí que lo son las pinturas rupestres levantinas.

-¿Cuántos yacimientos arqueológicos tiene inventariados el Taller?

-En Alcañiz tenemos inventariados más de 300. Es con diferencia el término municipal de Aragón que más yacimientos tiene catalogados. La zona es rica en patrimonio pero aquí llevamos muchos años trabajando un grupo de personas en la catalogación de este patrimonio cultural. Hay una tradición desde principios de siglo XX, de la época de mosen Vicente Bardaviu. En los 80, cuando el Museo de Teruel publicó la Carta Arqueológica de Teruel, en término de Alcañiz había 20 o 30 sitios catalogados. En estos momentos tenemos más de 300. Ese salto tan grande se debe a un trabajo del Taller de Arqueología de prospecciones sistemáticas. Hay proyectos de investigación en concreto entre Alcañiz el Viejo y Castelserás, en la zona de La Redehuerta, sobre el poblamiento altomedieval de época visigoda y andalusí en relación con la Acequia Vieja, que hicimos con el catedrático Carlos Laliena y Julián Ortega, de la Universidad de Zaragoza, y localizamos 60 o 70 yacimientos solo en esa área. Cuando hicimos un estudio previo al plan de regadíos del Canal Calanda Alcañiz localizamos más de cien en la zona afectada con la idea de que se supiera lo que hay para evitar destrucciones incontroladas. Otro trabajo importante fue el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Alcañiz. En colaboración con la empresa Iniciativas Culturales se hizo un inventario del patrimonio arqueológico del término con la finalidad de que estuviera todo documentado con fichas de cada yacimiento, coordenadas y todo tipo de información. Está colgada en la web del ayuntamiento. En 2008 había 200 y pico yacimientos y hemos aumentado muchísimo el número de sitios. La finalidad de todo esto es que se sepa lo que hay para evitar que sea destruido por obras.

-Cuando se levanta una calle, se pica en la Lonja, se actúa en el Castillo Calatravo o se sanea el cerro de Pui Pinos, el Taller de Arqueología está vigilante para que se cumplan las directivas patrimoniales.

-Eso es. Patrimonio exige estudios previos a cualquier actuación. Otro trabajo que hicimos fue en MotorLand. En esa zona que tiene tres kilómetros de largo por uno de ancho, más o menos, localizamos 35 yacimientos y algunos muy importantes. Poblados de la Edad del Hierro con murallas, necrópolis, elementos medievales, prehistóricos, poblados ibéricos... Ahí sí hay grabados rupestres antiguos. Esa zona es especialmente rica. Aparte del río Guadalope, Alcañiz tiene zonas húmedas que tuvieron más agua en la antigüedad como la Estanca y las Saladas. Ese es uno de los motivos por los que hay tantos yacimientos desde la prehistoria. Hay además paleocanales, abrigos; condiciones muy favorables para el poblamiento antiguo.

-¿Cuál es la principal aportación que ha hecho el Taller a los BIC de Alcañiz?

-El arte rupestre. Con Jesús Carlos Villanueva, en cinco años hemos descubierto seis nuevos abrigos (en Mas del Obispo, Barranco del Muerto, Corral de las Gascas) con arte rupestre, cinco de estilo levantino y uno esquemático. El arte levantino está declarado Patrimonio Mundial de la Unesco. Ahora solamente están registrados Val del Charco y la Cuesta de Pel, pero los nuevos abrigos tienen la misma importancia. Son BIC por ley y deberían estar integrados dentro de la lista de la Unesco cuando se abra. Esa sí es una aportación importante del Taller de Arqueología. Seguramente en Aragón y en la zona levantina, en los últimos años en entornos similares no se han encontrado tantos abrigos como aquí. Es un proyecto que ha ido a buscar abrigos de pinturas rupestres por según qué parajes apropiados y el resultado ha sido satisfactorio. Lo que indica que debe haber bastante más de lo que pensamos.

-En el Molino Mayor, donde está la sede del Taller, también se ubica el Centro Íberos en el Bajo Aragón (CIBA), que es un estandarte del turismo cultural en la zona gracias a otra de sus grandes aportaciones.

-La cultura ibérica en esta zona es un momento de apogeo de poblamiento, no solo en Alcañiz sino en todo el Bajo Aragón. No es que haya más que en otros sitios, pero sí hubo desde principios del siglo XX proyectos de investigación a cargo de arqueólogos como Bosch Gimpera, Juan Cabré, Lorenzo Pérez Temprado o Pierre Paris. Excavaron muchos yacimientos en el marco de un proyecto que se centró en la Edad del Hierro en el Bajo Aragón: en Calaceite, Mazaleón, Valdeltormo, Alcañiz y toda esta zona. Pero la mayoría quedaron abandonados, los únicos que se consolidaron fueron San Antonio de Calaceite y el Cabezo de Alcalá de Azaila. Un siglo después, el Consorcio Patrimonio Ibérico de Aragón, un proyecto fundamentalmente del Gobierno de Aragón pero en el que también colaboran comarcas y ayuntamientos, ha recuperado esos yacimientos, que se han consolidado, limpiado y señalizado. Hace 15 días se cambiaron todas las mesas de interpretación y los paneles en 17 yacimientos. Se mantienen en buenas condiciones, aunque habría que invertir aún en consolidación. Se ha conseguido recuperar un patrimonio que estaba abandonado y que difícilmente se volverá a abandonar porque las entidades se dan cuenta de la importancia que tienen esos sitios, que la población reconoce como sus raíces.

-La Ruta Íberos en el Bajo Aragón se difunde. Desde Semana Santa a diciembre, los centros de visitantes están abiertos los fines de semana.

-Este año cerraron la semana antes de Navidad. Eso significa 11 personas contratadas, aunque a tiempo parcial. Pero son puertas abiertas que sirven en los pueblos de oficinas ibéricas y de información general.

-¿Cuánta gente visita los centros?

-Va en aumento cada año. Los centros de visitantes no son lo más visitado de la Ruta sino los yacimientos. En Alcañiz está creciendo mucho el número de visitantes por la trascendencia del propio molino y por la apertura de la sala de arte digital que trae nueva gente. Pero los sitios más visitados y que tienen más interes son los yacimientos. En San Antonio de Calaceite, hace cinco años, mediante un eco contador detectamos que pasaban unas 14.000 personas a lo largo del año. Indica que son sitios que se visitan, también San Pedro de Oliete.

-Intentan relacionar el patrimonio con el aceite, el vino y otros productos agroalimentarios y artesanales que se podrían revalorizar.

-El Taller de Arqueología colabora con cualquier entidad que quiera mejorar o conservar el patrimonio. Igual trabajamos con el Consorcio, que con la Universidad de Zaragoza o con asociaciones culturales o grupos Leader. Uno de los últimos proyectos llevados a cabo ha sido un estudio sobre el origen del cultivo del olivo y la producción de aceite en el Bajo Aragón, desde época ibérica hasta nuestros días. Hablamos del olivo como elemento cultural. Aparece reflejado en el patrimonio de todos nuestros pueblos desde época muy antigua. Hay ejemplos muy claros como el de la Loma del Regadío de Urrea de Gaén, que es una villa romana de finales del siglo III de nuestra era que tenía cinco prensas de aceite de oliva. Es mucho. En esa época había dos o tres sitios más, uno en Portugal y otro por Navarra. Eso significa que había una producción de aceite muy potente por esta zona, y llevaban tiempo cultivando ya. Y nosotros lo enlazamos con una serie de estructuras que aparecen en el Palao (Alcañiz), Tiro de Cañón (Alcañiz) o Cabezo de Alcalá (Azaila), que consideramos son almacenes de un producto agrícola líquido. Y la duda es si son de vino, aceite o las dos cosas. Tenemos también los árboles milenarios de la Senia, el camino de penetración del olivo a través del Ebro y toda una serie de informaciones.

-Luego se puede contar una historia alrededor del producto para aumentar sus ventas.

-Eso es lo que intentamos. El patrimonio no solo son piedras. Con el Consorcio se hizo una propuesta de menús de inspiración ibérica en restaurantes que todavía funciona, previa reserva. Se trata de mezclar patrimonio con gastronomía, paisaje, medio ambiente y artesanía, y crear un producto de turismo cultural.

-Usted ha sido gerente del Consorcio y la institución lleva unos años sin esta figura. ¿Sigue siendo necesaria?

-El Consorcio funciona bien porque los centros abren, los yacimientos se mantienen, se programan actividades y económicamente funciona perfectamente. Pero falta la figura de un gerente que elabore proyectos y consiga dinero para inversiones en recuperación de yacimientos y mejoras. Es un tema que tienen que resolver en la Dirección General de Patrimonio Cultural. Pero el funcionamiento ordinario está garantizado. Recientemente se ha cambiado toda la señalización, se sigue manteniendo la limpieza de los yacimientos dos veces al año, y se están recuperando nuevos yacimientos como el Roquizal del Rullo de Fabara (Zaragoza), además con una propuesta que se podría aplicar en otros sitios para enclaves ya excavados. La mano de obra la pone el ayuntamiento con su brigada, el Consorcio se hace cargo de los costes de materiales y el Gobierno de Aragón asume la dirección técnica. De esta forma se recuperan yacimientos de una forma muy económica y con la seguridad de que se hace bien. En febrero empezará la segunda fase para que este yacimiento, del Bronce final-primera Edad del Hierro se recupere este año coincidiendo con el centenario de su excavación. Els Castellans de Cretas está a medias de consolidar, como La Moratella de Ráfales y otros yacimientos que se pueden integrar en la ruta.

-Así como se visitan los yacimientos íberos, ¿también sería recomendable difundir los abrigos rupestres, o estos son objeto de mayor protección?

-No es incompatible, y no solo estos sino muchos más elementos de patrimonio como los pozos de nieve o las cárceles del Matarraña, en los que hemos trabajado también desde el Taller. Incluso la propia Ruta de los Íberos surgió del Taller, pues es un proyecto que parte del territorio. En eso se diferencia de otras iniciativas en Cataluña, Andalucía o Valencia. La gestión se hace desde aquí con la participación de los ayuntamientos para la toma de decisiones. Por eso funciona tan bien. El 70% del presupuesto lo ponen entre DGA y las Diputaciones de Teruel y Zaragoza.

-¿Qué esperan del futuro Museo de Alcañiz que se ubicará en la Lonja?

-El Taller de Arqueología tenía dos objetivos que aparecen en sus estatutos. Uno era la difusión, divulgación, estudio, investigación, protección del patrimonio cultural con publicaciones y proyectos; y el segundo, precisamente la creación de un museo en Alcañiz. En estos 40 años hemos estado trabajando por su creación, lo hemos intentado varias veces y afortunadamente ya se va a hacer. Lo que pasa es que no han contado mucho con nosotros, sino más bien muy poco. Hicimos un informe sobre las piezas que tenemos, han elegido media docena que van a poner en una sala dedicada a la arqueología y no sabemos más. El Taller de Arqueología se ha hecho cargo gratis, siempre, de los fondos arqueológicos del ayuntamiento, más los suyos propios de las excavaciones que hemos hecho, con autorización del Museo de Teruel para el depósito temporal de materiales. Nos hemos encargado de cuidar el patrimonio arqueológico y de forma absolutamente gratuita. Así como en Alcañiz todo lo que tiene que ver con papel –archivos, publicaciones, revistas, folletos, carteles– está bien protegido en la Biblioteca y el Archivo, como tiene que ser –con personal contratado, calefacción, limpieza y buen funcionamiento–, ese mismo trabajo en relación con las piedras y las cerámicas, digamos, con el patrimonio arqueológico, lo llevamos haciendo de manera altruista con ayudas cero. Sí tenemos ayudas como asociación cultural de 2.000 euros estos últimos años. Esta exposición del CIBA sale del trabajo previo y el almacén debía estar en mejores condiciones.

-El primer tomo del proyecto Historia de Alcañiz y el Bajo Aragón aborda la prehistoria. ¿Cuál es el objetivo global que persigue esta iniciativa?

-Nos hemos lanzado por nuestra cuenta. La idea es hacer una historia de Alcañiz pero en el contexto del Bajo Aragón. Aunque sea un término municipal muy grande, no tiene entidad suficiente para poder explicar los fenómenos históricos desde la prehistoria hasta nuestros días. La publicación tiene una intención muy didáctica. Muchas ilustraciones, un lenguaje adaptado a todo el mundo y al mismo tiempo una recopilación de todo lo que sabemos hoy sobre este territorio. Hemos sacado el primer tomo sobre prehistoria, que lo he hecho yo solo, con un poco idea de marcar una línea de cara a la publicación. Está bien editado y añade bibliografía al final de todo lo que se trata en cada uno de esos volúmenes. Lo harán expertos y a ser posible de la zona o gente de fuera que ha trabajado aquí. En el segundo volumen intervendrán Diego Meseguer, un historiador de época romana de Alcañiz, y Juan Paz y Esperanza Ortiz, especialistas en época tardorromana y visigoda. Entre los cuatro haremos ese segundo tomo y, si podemos conseguir financiación, la idea es publicarlo a final de 2026. Colaboran el Ayuntamiento de Alcañiz, y aquí sí que hay que decir que el concejal Javier Climent nos dijo desde el primer momento que sí; el Instituto de Estudios Turolenses, el Gobierno de Aragón, el Consorcio Patrimonio Ibérico de Aragón, la Comarca del Bajo Aragón, Omezyma y Caja Rural de Teruel.

-La asociación parece tener el futuro garantizado. Recientemente han renovado y rejuvenecido la junta.

-Francisco Castro propuso iniciar excavaciones en La Reala, en MotorLand, y se originó una convocatoria a modo de curso de iniciación a la arqueología que funcionó muy bien, vino mucha gente y tenemos a bastantes jóvenes interesados. Extrañamente, esta asociación de momento tiene relevo generacional y gente joven que quiere seguir, con lo cual estamos encantados de la vida. El taller ha funcionado gracias a la gente. Por aquí han pasado cientos de personas durante estos 40 años, no solo de Alcañiz, sino arqueólogos de Toulouse, Burdeos, profesores catedráticos de la Universidad de Zaragoza de Prehistoria, Historia Antigua, Medieval... Y los miembros de Alcañiz, que a lo largo de estos 40 años han pasado de todo, desde amas de casa hasta doctores en Historia. Es una asociación que trabaja para el patrimonio, que tiene las puertas abiertas a cualquier persona que tenga interés en la historia y el patrimonio cultural.

-¿Cuáles serán los próximos proyectos del Taller?

-Tenemos un posible proyecto sobre el poblamiento epipaleolítico, prehistórico, de la época de los pintores del arte rupestre para excavar algún fondo de cabaña que hemos localizado. Lo haríamos con la Universidad de Zaragoza. Nosotros lo que hacemos es trabajar el terreno, encontrar cosas interesantes y entonces llamamos a especialistas y nosotros colaboramos con ellos. Así conseguimos hacer estudios de calidad. Seguiremos con el arte rupestre con Jesús Carlos Villanueva y continuaremos con la Reala, si Francisco Castro quiere. Tendremos una asamblea pronto y decidiremos qué más cosas queremos hacer. El masico romano también nos motiva, y allí tendría que entrar el ayuntamiento.

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