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Una veintena de jóvenes voluntarios mejoran el Parque Arqueológico El Cabo en Andorra Una veintena de jóvenes voluntarios mejoran el Parque Arqueológico El Cabo en Andorra
Fotografía de grupo de la veintena de jóvenes voluntarios que han participado en el campus de Andorra

Una veintena de jóvenes voluntarios mejoran el Parque Arqueológico El Cabo en Andorra

Han reconstruido estructuras del poblado ibérico y potenciado su solidario trabajo en equipo
Veinte jóvenes de entre 15 y 17 años procedentes de varios puntos de la geografía nacional participan, del 8 al 22 de agosto, en un campo de voluntariado en el Parque Arqueológico de El Cabo, en Andorra, organizado por la asociación Alcorisa 3 en Raya.

El campus se enmarca en la oferta estival que ofrece el programa Voluntariado y Solidaridad 2022 del Instituto Aragonés de la Juventud.

Córdoba, Cádiz, Castellón, Alicante, Barcelona, Palencia, Huesca y Zaragoza son las localidades de origen de estos jóvenes, que han intervenido en las labores de reconstrucción de estancias íberas con técnicas ancestrales, continuando así con el trabajo realizado en los últimos cuatro campos de voluntariado en la misma ubicación.  

La iniciativa ha sido posible gracias a la colaboración conjunta de los ayuntamientos de Alcorisa y Andorra, y la asociación Sedetanos de El Cabo.

Gracias a la arqueología experimental que permite el hecho de que el poblado no esté en su emplazamiento original, sino que fue trasladado piedra a piedra al monte de San Macario procedente de una mina de carbón a cielo abierto, estos jóvenes interesados en la recuperación de entornos naturales han podido realizar diversas actuaciones relacionadas por la reconstrucción y mantenimiento. El enclave pertenece a la Red Europea de Parques Arqueológicos Experimentales.

Los jóvenes han descubierto la importancia de esta cultura íbera y aprendido técnicas de construcción antiguas. En concreto, el trabajo de reconstrucción ha consistido en el barnizado de elementos de madera, limpieza de la calle principal, blanqueamiento de las paredes de las casas, construcción de la parte superior de la casa del Herrero y sellado de fachadas de las casas.

Indumentaria íbera


Como actividad añadida, los jóvenes han realizado sus propios trajes, capas y complementos para conocer la cultura íbera con la ayuda de otros voluntarios pertenecientes a diferentes clanes de Lakuerter Íbera, que les han explicado las prendas más usuales que llevaban los antiguos de hace 2.500 años y su composición.

Desde el corte hasta el cosido y colocación de adornos, han aprendido todo el proceso de realización de trajes con materiales específicos, decorados con cenefas y motivos geométricos.

Los jóvenes, además, han descubierto la riqueza cultural de la zona a través de las visitas culturales a las Grutas de Cristal de Molinos, Parque de San Macario, Museo minero de Andorra MWINAS, Centro Pastor de Andorra de la Jota y el Folclore Aragonés, visita teatralizada al poblado íbero y Museo minero de Escucha. Junto a estas visitas, se han realizado todo tipo de actividades lúdicas preparadas por el equipo de monitores de tiempo libre de Alcorisa 3 en raya.

Solidaridad


Este proyecto ha supuesto un compromiso solidario con la recuperación del conjunto histórico y también con la sociedad, que ha facilitado la acción directa sobre los problemas del entorno y ha permitido la socialización e integración de los chicos y chicas, conocer otra cultura, desarrollar sus capacidades y avanzar en el desarrollo de su personalidad en un ambiente distendido y ameno a través de juegos, salidas, talleres, fiestas temáticas o excursiones.

Así lo explica en una nota de prensa la presidenta de la asociación alcorisana, Reyes Belenguer, quien subraya que la convivencia ha sido “espectacular” porque los chicos y chicas “han colaborado en todo tipo de tareas, tanto dentro del albergue como en la realización de actividades lúdicas”.

En definitiva, “han sido muchos los beneficios que les ha aportado este campo de voluntariado desarrollando habilidades sociales, potenciando el trabajo en equipo, adquiriendo nuevos valores básicos, mejorando su comunicación y enfrentándose a problemas y situaciones con la ayuda de monitores y profesionales de la educación”.

“Después de estos quince días podemos afirmar que, año tras año, nuestros jóvenes descubren el valor de la solidaridad trabajando en equipo y formando nuevos vínculos que les hacen crecer personalmente”, concluyó Belenguer.

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