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‘El teatro del cuerpo’, la huella de la danza medieval en el folclore contemporáneo ‘El teatro del cuerpo’, la huella de la danza medieval en el folclore contemporáneo
Vista del Claustro superior del Museo de Arte Sacro de Teruel, donde puede verse la exposición

‘El teatro del cuerpo’, la huella de la danza medieval en el folclore contemporáneo

Una exposición temporal repasa la herencia de las festividades en la antigua Corona de Aragón
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Más allá de otros artes más convencionales como la arquitectura, la pintura o la literatura, las danza populares son un excepcional lienzo sobre el que ha quedada impresa la herencia cultural occitano-catalanas, francesas, andalusíes o castellanas en el territorio que formó la antigua Corona de Aragón. Ese mestizaje cultural y la pervivencia de numerosos elementos en los bailes tradicionales y rituales son el objeto de El teatro del cuerpo. Danza y representación en la Corona de Aragón, una exposición que puede verse en el Museo de Arte Sacro de Teruel.

Fragmento de una partitura de 1667


A través de una docena de paneles expositivos, la muestra sobre danzas populares no solo tiene un interés arqueológico o histórico, sino también antropológico, ya que busca trazar una línea de continuidad entre los vestigios documentales del medievo y las pervivencias actuales que aún se manifiestan en festividades vivas.

También pone el acento en el debate de la pervivencia. La Unesco ha reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad algunas manifestaciones culturales de la antigua Corona de Aragón, como el Misteri d’Elx, los castells o el Cant de la Sibil-la. La catalogación de este tipo de manifestaciones en ocasiones obra en su contra, según algunos estudiosos, ya que fija su modo de llevarse a cabo y le corta las alas en cuanto a su evolución a lo largo de los años, algo que le es inherente y que incluso puede provocar su desaparición.

Buena parte de las conclusiones sobre las que invita a pensar la exposición tienen que ver con la perduración, precisamente, de buena parte del legado multicultural en los antiguos territorios de la Corona de Aragón, donde persisten muchos ejemplos de manifestaciones festivas arraigadas en las prácticas musicales y coreográficas que se cultivan hoy en día, y que tienen inequívocos lazos con la herencia medieval.

Manuscrito con simbología musical fechado en 1592

La investigación parte de ejemplos de vestigios documentales de carácter musical y coreográfico que han sobrevivido, y que “aunque no muy numerosos”, como explica, “sí son continuos”.

Buena parte del valor sociológico tanto para la época como en la actualidad de estas muestras de folclore popular reside en el simbolismo de los personajes que ejecutaban o representaban esas danzas. En la actualidad nos ayuda a entender mejor la mente del hombre de la calle medieval, donde la danza -como cualquier otra cosa en una sociedad absolutamente embebida por lo teológico- podía ser una vía hacia la beatitud celestial (ángeles) o una caída en el pecado (demonios y bestiario). En este sentido es muy habitual y recurrente el uso de animales que se humanizan. A diferencia de la mentalidad actual, que puede interpretar como algo dulce y entrañable un animal que habla o que lleva ropa humana como Bambi o el pato Donald, a ojos de la cultura escolástica medieval eso era absolutamente obsceno, objeto de risa en el mejor de los casos y de terror en el peor.

Caso especial es el de la muerte, a la que la exposición dedica un panel en exclusiva dado lo ampliamente cultivado y difundido que fue la danza macabra como género coreográfico, iconográfico y literario. El primer ejemplo que se conserva es la décima pieza del Llibre Vermell, que se bailaba a finales del XIV. Estas danzas han pervivido en ritos funerarios de Galicia o Apulia, arcaicos pero que aún se llevaron a cabo a lo largo del siglo XX, que consistía en una sobria danza alrededor de un difunto al son de un canto fúnebre, o de gritos sordos destinados a ahuyentar a los malos espíritus.

La exposición también repasa el contexto sociológico que alcanzaron estas danzas y manifestaciones culturales, en función sobre todo de quiénes las ejecutaban y en qué espacios: desde la sofisticada danza de reyes y nobles, pasando por la profesionalización de los juglares y la participación de gremios urbanos, hasta el papel del clero y la influencia de la cultura musulmana.

La muestra tampoco se olvida de un aspecto que llama la atención: el reconocimiento relevante de las bailarinas y juglaresas musulmanas, que eran muy solicitadas por los monarcas de la Corona de Aragón para actuar en celebraciones públicas y coronaciones. Nombres propios como Esma o Catalina la Comadre, o Nutza, atestiguan un intercambio cultural que a menudo se minimiza en los relatos históricos tradicionales.

En este sentido también llama la atención la ambivalencia que tuvieron las danzas medievales, cultivadas por la Iglesia al mismo tiempo que, en muchos casos, también censuradas. La propia liturgia cristiana generó no poco repertorio de danzas sagradas que se interpretaban en el interior de los templos en Navidad, la fiesta de la Resurrección o Pentecostés. Al mismo tiempo, muchas otras danzas más paganas, o incluso los matices que introdujeron en las primeras su popularización, fueron vetadas e incluso perseguidas por el estamento clerical.

La exposición El teatro del cuerpo está organizada por el Museu Etnologic de Barcelona con la colaboración de la Universitat Rovira i Virgili, junto al Museo de Cultures del Món LaiREM e Iconodansa-Danaem. Los autores de los textos son Licia Buttà, Lenke Kovács, Francesc Massip, Raül Sanchis y María del Mar Valls, mientras que la coordinación de la traducción al castellano de los textos ha corrido a cargo de Belén Díez y Pedro Luis Hernando, director del Museo de Arte Sacro de Teruel, sufragada por este espacio con la colaboración de la Diputación Provincial de Teruel.

 

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