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Santa María de Albarracín, premio Nueva Cultura del Territorio 2021 Santa María de Albarracín, premio Nueva Cultura del Territorio 2021

Santa María de Albarracín, premio Nueva Cultura del Territorio 2021

El Colegio de Geógrafos galardona a la Fundación dirigida por Antonio Jiménez

La Asociación Española de Geografía y el Colegio de Geógrafos hizo público ayer que la Fundación Santa María de Albarracín ha sido galardonada con la séptima edición del Premio Nueva Cultural del Territorio 2021, en la categoría de Acción-Gestión.

Como en otras ediciones del galardón, se celebrará una ceremonia de entrega de premios si bien la fecha y el lugar está todavía por concretar, “en función de la evolución de la pandemia”, según el comunicado en el que la Asociación Española de Geografía hizo pública la noticia.

Antonio Jiménez, gerente de la Fundación Santa María de Albarracín, se mostró feliz por este nuevo reconocimiento a nivel nacional, “y más todavía en estos tiempos”. Según Jiménez, “llevamos casi año y medio semicerrados, porque es verdad que la restauración no ha parado pero el bajón de actividades congresuales y culturales ha sido tremendo. Y que en estas circunstancias sigan reconociendo la labor de la Fundación es tremendamente ilusionante”.

En los últimos años no ha pasado ni uno sin que alguna institución u organismo haya reconocido la labor de la Fundación Santa María de Albarracín en el ámbito de la conservación del patrimonio o la actividad cultural y profesional en Albarracín.

En este caso, el premio Nueva Cultura del Territorio, que se concede bienalmente desde 2009, tiene como finalidad fomentar una nueva cultura del territorio mediante el reconocimiento de personas, entidades e instituciones que hayan contribuido de forma relevante al impulso de una ordenación y gestión del territorio fundamentada en valores de sostenibilidad ambiental, eficiencia económica y equidad social.

En opinión de Jiménez, “el proyecto de la Fundación Santa María está plenamente centrado en el factor geográfico”, lo que ha motivado la concesión del premio. “Usamos la cultura, la restauración y la atención a las infraestructuras, tres facetas muy diferentes, pero siempre en torno al factor territorial como objetivo global”.

Esa globalidad es la clave que ha servido para que los geógrafos de España se hayan fijado en el proyecto de Albarracín. “No es el conjunto de varias acciones aisladas que más o menos hayan podido coincidir, sino que responde a una visión territorial de conjunto, una visión global que a lo largo de los años hemos desarrollado a través de líneas de trabajo muy diferentes”.

En el caso de Albarracín, este factor territorial es especialmente complejo por su naturaleza y enclave. “Con orgullo puedo decir que estoy convencido de que nadie podíamos imaginar que llegaríamos a este nivel, al que hemos accedido gracias sobre todo a una programación ordenada y a la aplicación de la lógica” y el sentido común.

Sobre esa visión global de la actividad de la Fundación Santa María de Albarracín sobre restauración, recuperación y conservación del patrimonio y programación cultural y congresual, Antonio Jiménez admite que “aunque teníamos una concepción inicial general, también hemos tenido que adaptarnos a las circunstancias, que han ido cambiado. Pero es que hemos seguido un camino de gestión que no estaba abierto, no teníamos dónde fijarnos ni un método que aplicar, sino que hemos desarrollado un modelo de gestión del patrimonio con ayudas públicas y privadas que fue novedosísimo en sus orígenes”.

El premio Nueva Cultura del Territorio está impulsado por la Asociación Española de Geografía y el Colegio de Geógrafos, y vinculado al Manifiesto por una Nueva Cultura del Territorio, un documento presentado en 2006 que constituye una llamada de atención al conjunto de la sociedad, y de modo especial a los responsables políticos, sobre la necesidad de reconducir el modelo actual de crecimiento urbanístico en España, y que cuenta con el impuso de los geógrafos españoles y más de un centenar de adhesiones entre especialistas en el campo del urbanismo, el derecho, la ingeniería, las ciencias de la naturaleza y la economía.

En el decálogo de dicho documento figuran como líneas principales el carácter esencial y limitado del territorio; su realidad compleja y frágil; el hecho de que sus valores ecológicos, culturales y patrimoniales no sean cuantificables en dinero como un mero apunte del valor del suelo;  el activo económico que supone un territorio bien gestionado; el poder que tiene el planeamiento urbanístico como herramienta; el acceso a la vivienda, el goce de los servicios y la preservación del medioambiente como fin último de esta planificación; la relación entre el trazado de infraestructuras y el desarrollo de los asentamientos; los compromisos solidarios que deben ser tenidos en cuenta a la hora de desarrollar el territorio, y la nueva cultura del territorio necesaria para asegurar los valores de sostenibilidad ambiental y eficiencia económica.

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