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Gabriel Funes, monitor en Galáctica: “Mirar al cielo nocturno es  una forma de evadirse y de preguntarse de dónde venimos” Gabriel Funes, monitor en Galáctica: “Mirar al cielo nocturno es  una forma de evadirse y de preguntarse de dónde venimos”
Gabriel Funes en las instalaciones de Galáctica en Arcos de las Salinas

Gabriel Funes, monitor en Galáctica: “Mirar al cielo nocturno es una forma de evadirse y de preguntarse de dónde venimos”

“Para mí observar las estrellas con doce años era ya algo fascinante y fue mi primer amor platónico”
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Gabriel Funes es canario, guía Starlight y un apasionado de los cielos nocturnos que forma parte del equipo de monitores de Galáctica en Arcos de la Salinas. Hace cinco meses optó por dejar su Tenerife natal y venirse a trabajar a Teruel para cumplir con su vocación, la divulgación de la astronomía.

-¿Cuál fue su primer contacto con Galáctica?

-Fue hace cinco años cuando me certifiqué como monitor Starlight en Aliaga, donde tuve contactos con unos compañeros que ya me hablaron de Galáctica como centro de difusión de la astronomía.

-Usted es canario, ¿qué ha supuesto dar el salto desde las islas hasta Teruel?

-Hace cinco meses vivía en Tenerife y ha sido un cambio completo, radical en el estilo de vida. Supone un cambio completo salvo la barrera idiomática, y también dejas a la familia para emprender una experiencia nueva. Para mí Galáctica es un reto y un desafío a nivel emocional y laboral, porque era el trabajo que estaba esperando.

-¿Por qué decidió dar ese paso?

-Lo que me atrae básicamente es la posibilidad de poder divulgar la astronomía. Con doce años para mí observar el cielo nocturno ya era algo fascinante porque la astronomía ha sido mi primer amor platónico. Intenté estudiar astrofísica en la Universidad de La Laguna, y cursé asignaturas de esa especialidad, pero tuve que reciclarme en el mercado laboral y por circunstancias personales en aquel momento me dediqué a la informática. Pero a la vez que mi actividad profesional como informático siempre he estado haciendo actividades de divulgación astronómica, e incluso de naturaleza y paisaje.

Que Galáctica abriera sus puertas suponía intentar poder ganarme la vida ya no como astrofísico, pero sí haciendo divulgación de astronomía. Suponía una oportunidad y con la edad que yo tengo, que son 47 años, no quería dejar pasar ese tren y me he venido para acá para intentar aportar todo lo que pueda para que Galáctica despegue.

-¿Qué es para usted levantar la cabeza por las noches y ver el cielo estrellado?

-Sigue siendo con el paso de los años una experiencia increíble, es apasionante porque no hay dos noches iguales, independientemente de que el cielo que podamos ver sea diferente en cada época del año. Mirar al cielo  nocturno es una forma de evadirse y de preguntarnos de dónde venimos. Somos polvo de estrellas y el Universo contemplándose a sí mismo, y eso es algo que termina sobrecogiéndonos.

-¿Cómo traslada al público esa pasión que se nota que tiene?

-Trato de hacerlo de la manera más cercana posible. Muchas veces durante las visitas hay una sensación de reciprocidad y diálogo entre el público y nosotros en esa comunicación que establecemos.

-¿Qué es lo que más interesa a los visitantes de Galáctica?

-La gente es muy abierta a todo en general y se pregunta por qué hay un observatorio astrofísico profesional aquí en el Pico del Buitre, y hacemos hincapié en la importancia que tiene este lugar para la observación del cielo y los proyectos que se están desarrollando aquí y por qué Teruel existe, nunca mejor dicho, y tiene que estar sobre el mapa no solo a nivel nacional sino mundial.

-¿Qué ofrecen los cielos de Arcos de las Salinas para la divulgación astronómica que no tienen otros lugares?

-Ofrecen oscuridad para poder observar y aparte muchísima estabilidad que permite hacer observaciones muchísimas noches al año con una calidad de observación excepcional. Eso lo convierte en un lugar idóneo tanto para el astrofísico profesional como para que los aficionados puedan maravillarse. Son experiencias muy personales.

-También se encarga de mostrar el Observatorio Astrofísico de Javalambre a los visitantes, ¿qué interés tienen unas instalaciones científicas así?

-Es una experiencia única. Para mí los observatorios profesionales son las catedrales del siglo XXI porque son unos centros donde se hace ciencia con ese afán explorador que ha caracterizado al ser humano desde sus orígenes. La exploración de los cielos se hace de una manera increíblemente compleja, porque el trabajo de los científicos consiste en eso, en observar y mirar, y a partir de ahí buscarte la vida para que de la manera más ingeniosa que se te ocurra intentar analizar toda esa información que te llega a través de la luz.

Cuando estoy en el Observatorio durante las visitas con la gente me encanta poner de relieve el nivel de ingeniería óptica y mecánica que hay que alcanzar para hacer esos instrumentos con una precisión que lleva al límite la ingeniería. Porque al final son 47 toneladas aproximadamente las que hay que mover, en el caso del telescopio JST250, con una precisión exquisita para poder analizar esas pequeñas gotitas de luz que nos llegan del Universo, en el caso de este observatorio intentando estudiar lo que es la materia y la energía oscura haciendo un cartografiado muy preciso del Universo. Y con eso la gente que visita el Observatorio de Javalambre se sorprende del tipo de ciencia que se está haciendo en este país. A veces da la sensación de que nos infravaloramos y en cambio se está haciendo ciencia de primer nivel.

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