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Casi tres décadas de lucha contra los incendios: la cuadrilla helitransportada número 23 de Teruel se creó en 1994 con cinco efectivos y ahora tiene 22 Casi tres décadas de lucha contra los incendios: la cuadrilla helitransportada número 23 de Teruel se creó en 1994 con cinco efectivos y ahora tiene 22
Varios miembros de la cuadrilla helitransportada número 23 de Teruel posan para DIARIO DE TERUEL la semana pasada. Paula Aznar

Casi tres décadas de lucha contra los incendios: la cuadrilla helitransportada número 23 de Teruel se creó en 1994 con cinco efectivos y ahora tiene 22

El helipuerto de la zona de Valdelobos acoge a un equipo que ha tenido varias bases en su historia

El helicóptero de extinción de incendios de Teruel es uno de los medios más completos y efectivos para paliar los incendios forestales que se producen a lo largo del año en toda la provincia. Sin embargo, aunque este sea el instrumento principal, la parte práctica viene de la mano de la plantilla de esta aeronave: la cuadrilla helitransportada.

La cuadrilla, que anteriormente estaba formada por cinco componentes forestales y que actualmente tiene 18, se creó en 1994, un año muy complicado en cuanto a los incendios porque en localidades como Villarluengo y otras cercanos a la provincia como Zaragoza se llegaron a quemar 30.000 hectáreas.

A raíz de ello, se aprovecharon las instalaciones y surgió la nueva Cuadrilla 23 con base en la Escuela de Capacitación Forestal de San Blas, donde se ubicaron hasta el año 2004. Posteriormente, por necesidades de seguridad y ampliación, se trasladaron a un antiguo vivero en El Planizar donde se construyó una helipista. Debido al proyecto de instalar un nuevo hospital en esa misma ubicación, en 2012 la base de la Cuadrilla 23 se derivó al recientemente creado Aeropuerto de Teruel, donde se ubicó tan solo hasta 2015 debido a las dificultades para compatibilizar la aviación de emergencias con los vuelos de otro tipo que utilizaban el aeródromo.

Debido a la gran necesidad de una base ex profeso para incendios forestales, finalmente se creó en 2015 el actual Helipuerto de Teruel Forestal, en la zona de Valdelobos. En un primer momento, contaba tan sólo con una plataforma donde aterrizaba el helicóptero y poco a poco se fueron añadiendo más instalaciones hasta convertirla en una de las bases más modernas y avanzadas de Aragón.

A partir del año pasado, también comenzó a trabajar en esta base el helicóptero del 112, un hecho que dio lugar a un mejor rendimiento debido a la operatividad del lugar y a un servicio más potente para los ciudadanos.

Procedimiento de trabajo

En la actual base del Helipuerto de Teruel forestal trabajan tres entidades: la empresa de helicópteros Rotorsun; Sarga, que es una empresa del Gobierno de Aragón que gestiona los componentes de la cuadrilla; y, por último, el propio Gobierno de Aragón, que es el propietario de la base.

Esta base está compuesta de dos cuadrillas, cada una con nueve operarios, y un total de cuatro agentes de protección de la naturaleza (APN) que se van turnando, aunque siempre hay uno de servicio.

Por lo referente a la empresa del helicóptero, siempre se garantiza la presencia de un piloto, un copiloto y un mecánico.

El APN y el helicóptero con el Bambi en Albarracín. Cuadrilla 23

Todos ellos forman parte de una especie de rompecabezas, donde cada uno tiene su función y algo que aportar al resto para que el helicóptero funcione adecuadamente, además de asegurar la protección a los ciudadanos.

En los días en que no hay alerta de incendios existe un procedimiento de trabajo habitual y que siempre se lleva a cabo de forma rigurosa por todo el personal encargado.

En función de la época del año, se comienza a una hora u otra. Por ejemplo, el horario de verano es de 10:30 horas a 20:30 horas de la tarde. Cuando el día va avanzando o retrocediendo como en este caso, el horario se ajusta.

La jornada comienza con la comprobación general de la aeronave, con tareas como la revisión del combustible atendiendo a que no contenga agua u otras impurezas, además de la comprobación de diferentes niveles, entre otros asuntos.

Además se realiza un registro de todos los trabajadores que han asistido y un briefing con una duración de entre 10 minutos y media hora dependiendo de la cantidad de información a transmitir. Este anglicismo hace referencia a una reunión preparatoria para saber qué es lo que se va a hacer durante el día, donde las empresas que trabajan en la base exponen su plan.

En la reunión del briefing se explican factores como el parte meteorológico por parte del piloto, un tema imprescindible para saber dónde hay viento y tormentas. Además, el representante de la DGA comenta los mapas del registro de rayos, donde por colores se indica la hora a la que han caído y la intensidad de la descarga. Esto se contrasta con otra variable en el mapa que recoge también el agua que ha caído.

Una vez que se ha acabado el briefing, el Agente de Protección de la Naturaleza, en este caso Teodoro Pradas,  hace las gestiones administrativas necesarias para la base, mientras la cuadrilla tiene un tiempo de preparación física durante el cual se marchan a correr y hacen sus entrenamientos hasta las 12:30 horas. Después, hasta las 14:00 horas, se hacen labores de mantenimiento de base ,como la limpieza de las instalaciones y la jardinería, y de 14:00 a 17:00 horas el tiempo está dedicado al descanso personal de la cuadrilla.

Por la tarde se retoma otro periodo de actividad, en este caso de formación, en el que se desarrollan líneas de defensa, simulacros de accidente u otras actividades más teóricas como el manejo de comunicaciones, primeros auxilios o prevención de incendios. Siempre con la finalidad de poder mejorar el servicio.

Proceso de embarque en la base del Helipuerto de Teruel Forestal. Paula Aznar

Además, en ocasiones también se realizan otro tipo de trabajos, como el manejo del fuego para la eliminación de despojos forestales.

“Nos viene muy bien trabajar con el elemento con el que luego tenemos que enfrentarnos. Hay que saber bien cómo funciona”, aclaró Teodoro Pradas.

Eliminar el combustible de manera controlada de una determinada zona, trabajos selvícolas o el mantenimiento de cortafuegos son otras de las actividades que también llevan a cabo los trabajadores de la base.

Después, desde las 19:00 a las 20:00 horas, se realiza otro tiempo de actividad física, como ejercicios grupales en la helipista. La última media hora es de recogida y de aseo personal.

Así mismo, los miércoles y los viernes las dos cuadrillas hacen una marcha larga de 10 a 12 kilómetros con todo el equipo, es decir, la ropa de protección (EPI) y el resto de herramientas necesarias para después saber afrontar el trabajo sin problemas, ya que los incendios son muy trabajosos y de esta forma se consigue que los miembros de las cuadrillas se fortalezcan.

Alerta de incendio

Después de los entrenamientos, la cuadrilla está preparada para afrontar los peores momentos de los incendios provocados por el calor, por un rayo o simplemente por un despiste o falta de concienciación de la población.

Cuando hay un incendio en cualquier parte de la provincia de Teruel, se puede detectar de dos formas. La primera es la más fiable y se da a través de las torres del sistema de vigilancia. Si hay cualquier aviso de humo, lo envían a la capital y en función de la localización se activa una cuadrilla u otra, ya que en la provincia hay tres helitransportadas -en Teruel, Alcorisa y Calamocha-, además de las cuadrillas terrestres más cercanas.

La segunda manera de saber si ha habido un incendio es por la llamada de alguna persona al 112.

El Centro de Coordinación Operativa (CECOP) de la capital es el encargado de dar el aviso a la helitransportada e informa sobre las coordenadas del punto donde se ha registrado el incendio. Sin su aviso no pueden salir.

A partir de aquí, el agente de protección de la naturaleza se encarga de avisar a la cuadrilla y pasar una referencia al piloto y al copiloto. La normativa indica que la cuadrilla tiene un tiempo limitado de 10 minutos para procesar esa información y comprobar que todo en el helicóptero esté bien.

“Este proceso tiene que llevarse a cabo con seguridad y la manera de hacer bien las cosas cuando hay que afrontar una emergencia es no correr”, destacó Pradas.

La helitransportada con las herramientas en Corbalán el pasado verano. Cuadrilla 23

Después de esto embarcan de forma progresiva. El procedimiento de embarque, para el cual la cuadrilla tiene que realizar  con anterioridad ciertas prácticas en emergencias para saber controlar las situaciones de estrés, hace que los trabajadores que están fuera del helicóptero en ese momento, entren de una manera organizada a su puesto asignado, dando lugar a un trabajo seguro. “Una de las premisas que más destaca aquí es la seguridad. Apagar incendios es lo que más nos gusta pero queremos hacerlo este año, el siguiente y hasta que nos llegue la jubilación. Somos un equipo y para que funcione, todos tenemos que formar una cadena de eslabones”, afirmó el APN.

Una vez que todos están preparados se avisa al piloto y al copiloto y proceden a despegar para ir al lugar donde se ha producido el fuego, siempre manteniendo comunicación entre unos y otros.

En el momento en que la cuadrilla llega a la zona del incendio, sigue las órdenes del APN, que tras darles las indicaciones se marcha. La cuadrilla se dirige hacia una determinada posición, siempre manteniendo el contacto con el APN. Después, busca el punto de agua más cercano, que puede ser una piscina, un pantano o cualquier otro que consideren óptimo para cargar agua.

A partir de aquí, se solicita información sobre qué tipo de descarga se requiere (más alta o más baja) y el helicóptero hace una descarga aproximada en la dirección que se les ha indicado.

Para paliar el fuego en el lugar de los hechos, el helicóptero (en este caso el modelo Bell 412), constituye, junto al sistema Bambi, las herramientas más importantes para apagar el incendio. Este sistema es una especie de cesta que puede portar 1.200 litros y que proporciona rapidez y, una vez más, seguridad al equipo.

Después, los nueve bomberos forestales y el APN que los dirige portan herramientas manuales específicas para la extinción de incendios, como las azadas, las hacha-azadas llamadas Pulaski, motosierras o el rastrillo McLeod, además de los trajes de seguridad. También portan mochilas de agua que siempre les ayudan.

Además, la provincia de Teruel no es la única en la que actúa la Cuadrilla 23, sino también otras cercanas. Pradas destacó que en múltiples ocasiones han tenido que ir a Valencia para ayudar a controlar grandes incendios.  “No hay problema para coordinarnos entre comunidades autónomas. Hay una franja de aproximadamente 5 kilómetros en la que se puede actuar”, declaró.

Por último, aunque las cuadrillas junto a la aeronave trabajan de forma segura y por el bien de los ciudadanos, el helicóptero puede volar ocho horas, con un máximo de dos horas seguidas y por cada media hora de vuelo deben de realizar un descanso.

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