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Diferentes vitrinas con huesos de dinosaurios turolenses que se han ido incorporando a la exposición original. Bykofoto / Antonio García

Dinópolis lleva 20 años de crecimiento sostenido y ejerciendo de motor económico de Teruel

Los hallazgos de la Fundación científica han alcanzado relevancia mundial

La hostelería y el turismo no son lo único que ha crecido en la provincia de Teruel a raíz de la apertura de Territorio Dinópolis hace veinte años. Si algo ha crecido en todo este tiempo, y además de forma exponencial, han sido los fósiles descubiertos por la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel. Dinópolis lo ha hecho al ritmo de esos hallazgos y hoy es lo que diferencia estas instalaciones de otras similares que buscan atraer al público con el tirón popular que tienen los dinosaurios, sobre todo entre los más pequeños. Hoy se cuentan por miles los fósiles turolenses que atesora la Fundación científica, algunos de los cuales se exhiben en el Museo Aragonés de Paleontología y el resto se conservan en sus depósitos.

Cuando abrió Dinópolis el 1 de junio de 2001 los fósiles de Teruel casi brillaban por su ausencia en el museo. Eran muy pocos los materiales turolenses que se exhibían en sus vitrinas, pero en cambio el reclamo y por lo que se abrieron estas instalaciones fue la riqueza fosilífera de la provincia, cuya fama se remonta al siglo XVII por los afloramientos de Concud.

La popularidad de Aragosaurus, descubierto en Galve y que a finales de los años 80 del pasado siglo se convirtió en el primer dinosaurio descrito en España y que dio lugar a la creación de un parque paleontológico en este municipio con un museo a partir de la colección de José María Herrero y la instalación de varias reconstrucciones de estos grandes reptiles al aire libre, dio lugar a que el Instituto Aragonés de Fomento (IAF) se plantease crear unas instalaciones en torno a los fósiles y los dinosaurios.

Turismo

Así es como surgió Dinópolis a finales del siglo pasado, como un proyecto de desarrollo que permitiese atraer turismo a la provincia y que impulsase el sector. Eso dio paso a la creación de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel en el año 1998. Se creó en una reunión celebrada en el Museo de Teruel entre instituciones con la participación de ayuntamientos con yacimientos paleontológicos, pero en cambio cuando se empezó a trabajar en los contenidos de Dinópolis la mirada de quienes en ese momento estaban desarrollando  el proyecto se dirigió hacia los Estados Unidos.

Una expedición viajó entonces al Estado norteamericano de Colorado para excavar un dinosaurio en el mítico yacimiento de Skull Creek. Llama la atención hoy día que quienes estaban montando los contenidos de Dinópolis optaran por irse tan lejos cuando la provincia es un vergel de fósiles de dinosaurios, puesto que aparecen por todas partes si se saben buscar, como demostraron después los científicos de la Fundación cuando ellos asumieron el rumbo.

Una vez excavados los materiales se enviaron a España bien empaquetados y protegidos, no sin encontrarse con algún problema al llegar a puerto. En la aduana hubo un pequeño percance porque al ver que se trataba de “huesos” de dinosaurios exigieron un certificado veterinario para autorizar su entrada. El entuerto se aclaró cuando les hicieron comprender que eran huesos, sí, pero fosilizados, y por tanto no eran materia orgánica.

‘Camarasaurus’

El destino de ese material, un Camarasaurus en concreto, es decir, un dinosaurio de gran tamaño cuadrúpedo y de cuello y cola largos, fue el laboratorio de Dinópolis, que era una más de las atracciones para los visitantes del parque puesto que a través de la gran rampa que conduce  al museo el público podía ver cómo se preparaban y restauraban los fósiles.

Al inaugurarse Dinópolis, lo que encontró la gente fueron muchas reconstrucciones de esqueletos adquiridas en distintos sitios, así como fósiles comprados en el extranjero, sobre todo de invertebrados. Lo que brillaban por su ausencia eran fósiles turolenses, a excepción de los de Libros, como sus famosas ranas, que se intalaron en la Sala del Mundo Acuático, y algún material en la Sala de los Dinosaurios, mientras que en la de los Mamíferos había una presencia testimonial de materiales de la cuenca de Teruel correspondientes al Turoliense y sus características faunas propias de una sabana africana.

Hoy día quien visite Dinópolis veinte años después se va a encontrar algo muy distinto, porque los fósiles turolenses son los que predominan en el Museo Paleontológico con ejemplares únicos en el mundo y que están introduciendo cambios en la clasificación de algunos animales del pasado como los saurópodos gigantes.

Turoliense


Los fósiles del Turoliense son los que brillan ahora en la Sala de los Mamíferos, y los de los reptiles gigantes hallados en Teruel son los que guían al visitante por la Sala de los Dinosaurios, sin haber desaparecido por ello las réplicas de esqueletos con las que se abrió el parque, si bien la más espectacular ahora está en Tierra Magna con el turolense Turiasaurus que hizo la Fundación. En el mismo recinto se exhiben los corpóreos que reconstruyen cómo debieron ser en vida los dinosaurios que poblaron la provincia de Teruel en el Mesozoico.

Dinópolis ha crecido en estos veinte años al ritmo de los hallazgos paleontológicos que ha hecho la Fundación durante ese tiempo, cuyos descubrimientos han tenido proyección nacional e internacional y se han convertido además en un reclamo por su amplia difusión en prensa escrita, radio y televisión, además de las redes sociales.

Cuando el paleontólogo turolense Luis Alcalá asumió la dirección y la gerencia de la Fundación Dinópolis en el año 2002, anunció que se iban a hacer prospecciones en toda la provincia, fase previa a poder empezar a excavar yacimientos para extraer lo que con el tiempo se ha demostrado que es uno de los grandes recursos de la provincia, sus fósiles.



Fue en mayo de ese año cuando Alcalá avanzó que “se iban a realizar nuevos hallazgos, porque con la riqueza en fósiles que tiene esta provincia, a poco esfuerzo que hagamos vamos a encontrar resultados”, dijo. Y así ha sido, con no poco esfuerzo porque en aquellos primeros años tuvieron que centrar buena parte de su dedicación a diseñar los contenidos de las ampliaciones y sobre todo de los centros satélite, pero al año siguiente, en 2003, las prospecciones empezaron a dar unos resultados espectaculares.

Fue a principios del verano de ese año cuando los paleontólogos de la Fundación con algunos colaboradores comenzaron a excavar el yacimiento de Barrihonda en Riodeva, en donde se encontró el dinosaurio gigante más grande de Europa. Tal fue su impacto mediático que antes de que fuese descrito científicamente algunos de sus fósiles más emblemáticos pasaron a formar parte de los contenidos del Museo Paleontológico con la construcción de una nueva vitrina frente a la réplica de Brachiosaurus.

La vitrina de Turiasaurus se incorporó en 2005, un año antes de que su hallazgo y la descripción del nuevo dinosaurio fuese publicada en la prestigiosa revista Science. Firmaban el artículo el paleontólogo Rafael Royo Torres, primer científico que contrató la Fundación y que hoy día es profesor de la Universidad de Zaragoza en el Campus de Teruel, Alberto Cobos, el segundo paleontólogo que entró en la institución científica, y el director gerente de la misma, Luis Alcalá.

Dinópolis

Fue el inicio de una etapa en la que los contenidos de Dinópolis no ha dejado de crecer a ritmo de los hallazgos paleontológicos de primer orden que se han hecho en la provincia. Además, la colaboración de la Fundación Dinópolis con otros equipos de investigación o su participación en proyectos internacionales como el desarrollado en Tanzania (África) en torno a los orígenes de la humanidad, contribuyeron a dotar de contenidos a nuevas instalaciones como El último minuto sobre evolución humana.

Ha sido en la última década cuando las vitrinas del Museo Paleontológico de Dinópolis han comenzado a desbordarse de fósiles turolenses tras las campañas de prospección y excavación llevadas a cabo desde los primeros años y una vez preparados y restaurados los materiales encontrados. Además, una vitrina de novedades muestra cada año los últimos hallazgos significativos realizados por la Fundación en la provincia, de manera que el público pueda ir conociendo los avances en la investigación que se hace aunque esos fósiles no pasen a exhibirse después de forma permanente en la exposición. Y no solo eso sino que se han dado a conocer los fósiles turolenses en otros lugares, incluso en el extranjero, habiéndose convertido la paleontología en uno de los grandes embajadores de la provincia.

La exhibición de nuevos fósiles en el Museo Paleontológico ha sido constante conforme se avanzaba en el estudio de los materiales que se iban excavando. Así, en 2009 a la vitrina de Turisaurus se sumaron varias costillas de dos metros y en 2012 se presentó el cráneo de este mismo dinosaurio, cuya reconstrucción pasó a convertirse en uno de los reclamos de la nueva sede de Titania en Riodeva, en torno a este saurópodo y al gigantismo en el mundo animal.

Inflexión


El año 2013 supuso un punto de inflexión y fue cuando se produjo una auténtica explosión de fósiles turolenses en el museo, así como de nuevas vitrinas como la dedicada al ámbar de San Just. Esa temporada salieron a la luz los fósiles de Dacentrurus y Tastavinsaurus encontrados en Riodeva y El Castellar, así como el cráneo de Proa valdearinnoensis, entre otros

Solo en el año 2014 se incorporaron más de 450 fósiles originales hallados en Teruel con la instalación de nuevas vitrinas, tanto en la Sala de los Dinosaurios como en la de los Mamíferos. El público pudo conocer entonces al mustélido Teruelictis riparius, una nutria con extremidades no aptas para poder nadar y única en el mundo. Un gran mural del Turoliense exhibió además la riqueza de este periodo en el que las faunas africanas saltaron a España y dejaron un registro fósil espectacular en Teruel.



Huesos, dientes, e icnitas se han ido sumando en años sucesivos a las vitrinas, como el emblemático ornitópodo de Aliaga, o los dientes de terópodos de gran tamaño que acompañan a la réplica del T-rex, así como el primer esqueleto original de dinosaurio montado en España que se exhibe desde la temporada de 2015: un Proa valdearinnoensis de 7 metros de longitud compuesto a partir de 135 huesos de cuatro ejemplares diferentes. Ese mismo año se abrió la sede de Valcaria en Ariño.

En el año 2018 se incorporó también, entre otros muchos fósiles, una serie vertebral de varios metros de largo de un saurópodo gigante que eclipsa a cualquier rival que se le quiera poner por delante por mucho que se haga, junto a nuevos fósiles espectaculares en vitrinas interactivas con pantallas táctiles.

Dinópolis ha seguido creciendo así en estos veinte años a golpe de nuevos hallazgos y de las reconstrucciones hechas por la Fundación de cómo eran en vida estos animales, que se exponen en el área al aire libre de Tierra Magna. De no haber casi fósiles de Teruel en sus inicios, hoy es el Museo Aragonés de Paleontología, el referente en esta materia dentro de la Comunidad Autónoma.

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