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Dinópolis, una aventura que cumple 20 años y que ayuda al desarrollo territorial con todos sus medios Dinópolis, una aventura que cumple 20 años y que ayuda al desarrollo territorial con todos sus medios
Cobos, la pasada semana en el yacimiento de El Castellar, que ha convertido en su pueblo de Teruel

Dinópolis, una aventura que cumple 20 años y que ayuda al desarrollo territorial con todos sus medios

Alberto Cobos es el trabajador más veterano en activo y ha estado en el proyecto desde el principio

Dinópolis cumple veinte años, pero alguno de sus trabajadores lleva más tiempo, como es el caso del paleontólogo Alberto Cobos, hoy día el más veterano en activo. Conoce su evolución casi desde sus inicios y ha sido una de las personas que ha contribuido de forma determinante a impulsar el modelo de desarrollo para la provincia en que se ha convertido a partir de un recurso endógeno como es la paleontología. Es un ejemplo de cómo la gente que lleva estas dos décadas en Dinópolis ha crecido profesionalmente con estas instalaciones a la vez que las mismas lo han hecho gracias a su esfuerzo e implicación.

Territorio Dinópolis es hoy día lo que es gracias a la riqueza paleontológica de la provincia, pero también a la dedicación de las personas que han estado detrás empujando. Ellas y su trabajo anónimo son las que han hecho crecer al parque.

El más veterano de los trabajadores del complejo es el paleontólogo de la Fundación Dinópolis, Alberto Cobos. Fue la segunda persona que entró a trabajar mucho antes de que se abriera el parque y de que se creara incluso la sociedad gestora. En el proyecto ya estaba metido el paleontólogo Rafael Royo Torres, pero el año pasado dejó su puesto para irse de profesor a la Universidad de Zaragoza en el Campus de Teruel, lo que convierte a Cobos en el más antiguo en activo.

Los comienzos

Cobos y Royo empezaron a trabajar para el proyecto Dinópolis en Zaragoza, en las naves del CEEI, donde comenzó el montaje las réplicas de los esqueletos de dinosaurios con los que inició su andadura el parque. Después ya se instalaron en Teruel para montar la exposición Así se construye Dinópolis en el verano de 2000, un año antes de la inauguración del complejo.

A su cargo estuvo el diseño del discurso museográfico del Museo de Dinópolis tal como abrió sus puertas, a partir de las réplicas de esqueletos, los fósiles adquiridos por el IAF, y algunos materiales paleontológicos encontrados en Teruel cedidos por otras instituciones.

Hablar con Alberto Cobos es hacerlo con un testigo presencial de una historia que arrancó hace más de veinte años, cuando el Instituto Aragonés de Fomento se planteó impulsar un proyecto de desarrollo territorial a partir de un recurso endógeno. Al frente de la DGA estaba un turolense, Santiago Lanzuela, que en abril de 1999 presentó en Teruel el proyecto con un espectáculo multitudinario celebrado en el Palacio de Exposiciones y Congresos de la capital, lugar que precisamente en un principio iba a albergar las instalaciones, si bien por la magnitud que fue cobrando se optó por la construcción de un edificio de nueva planta al lado.

Fundación Conjunto Paleontológico

Un año antes de esa fecha, en julio de 1998, se había creado la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel mientras el IAF tiraba del carro para poner en marcha un proyecto que iba creciendo conforme avanzaba. Primero entró a trabajar como paleontólogo Rafael Royo Torres, procedente de la Universidad de Zaragoza, y en 1999 lo hizo Alberto Cobos, que ese verano había participado como voluntario en una excavación en Colorado (EEUU) para extraer fósiles de dinosaurios con destino a Dinópolis. Meses después lo contrataron para trabajar en todos los preparativos y el diseño de contenidos.

Junto a Royo y Cobos en ese periodo hubo otras personas que colaboraron para poner en marcha Dinópolis, en primer lugar montando las réplicas de los esqueletos de dinosaurios adquiridas en distintos lugares por el IAF y que iban a conformar el principal atractivo del parque, y en segundo lugar dando cuerpo al discurso museográfico de las instalaciones.

Cobos tenía entonces 29 años. Originario de Bilbao, se había licenciado en la Universidad del País Vasco y cuando le ofrecieron la oportunidad de trabajar en el proyecto de Dinópolis no se lo pensó dos veces. Apasionado de los minerales y de la paleontología desde niño, siempre había tenido en mente el desarrollo de proyectos de divulgación científica en torno a la geología y los fósiles, y en Teruel encontró la posibilidad de ponerlo en práctica. Con personas como él es como ha crecido Dinópolis en estos veinte años, de la misma manera que ellos lo han hecho profesionalmente.

Cobos en Zaragoza en el año 2000 montando el esqueleto del T-rex


Hoy recuerda aquellos inicios “con mucho cariño, como un reto, porque sabíamos que entre las manos teníamos posiblemente el mayor proyecto de difusión de la paleontología en España en aquel momento y no quisimos defraudar”.

Lo que le viene a la memoria al rememorar aquel mes de junio de 2001 cuando las instalaciones abrieron sus puertas son “las colas del primer día”, cuando en Teruel no había sitios apenas para comer y alojarse por la noche, por lo que rápidamente el sector se puso en marcha ante la oportunidad de negocio que se abría y empezaron a surgir nuevos establecimientos conforme crecía Dinópolis.

Incredulidad

Cobos no duda al responder a la pregunta de si pensaba que el parque paleontológico tendría el éxito que ha tenido. “Yo creía que sí y pensaba que iba a tener esa evolución, y que podría haber tenido aún más por el potencial que podía tener”, comenta, si bien reconoce que había gente en Teruel que era “más incrédula” y que no imaginaron que pudiera tener tanto éxito.

El paleontólogo de la Fundación Dinópolis es de los que piensa que Teruel tiene futuro y posibilidades de desarrollo aprovechando sus propios recursos, como ha sido el caso de la paleontología. Aclara al respecto que antes de Dinópolis otros ya vieron ese potencial y habían surgido iniciativas de menor envergadura en torno a la paleontología. El caso más conocido es el de Galve con sus dinosaurios, además de otras iniciativas menores en Bueña acondicionando su yacimiento de pistas fósiles, o con centros de interpretación en Josa y Alacón, el Parque Geológico de Aliaga o el Museo de Mas de las Matas sustentado en buena parte en los fósiles de su colección.

Todo eso lo estudió en su tesis doctoral Los dinosaurios de Teruel como recurso para el desarrollo territorial, defendida en 2011 en la Universidad del País Vasco,  con la que se doctoró y que fue dirigida por Luis Alcalá, director gerente de la Fundación Dinópolis. En ella hace un exhaustivo repaso de la riqueza fosilífera y de la geología de la provincia de Teruel en una primera parte, con especial atención a los dinosaurios, y en la segunda aborda el desarrollo territorial a través de estos recursos. En esa parte se refiere a algunas iniciativas internacionales y nacionales, para analizar después el caso de Teruel más allá de Dinópolis.
 

Cobos, a la izquierda del fósil del Turiasaurus, con compañeros de la Fundación en 2006 cuando se publicó en Science


La conclusión a la que llega es incontestable al afirmar que la apuesta que el Gobierno de Aragón hizo en su día por implantar en la provincia un proyecto como Dinópolis “ha supuesto un incremento notable en el conocimiento de las faunas de dinosaurios de la Península Ibérica”, además de “la creación de un museo monográfico en Paleontología y la difusión educativa de la historia de la vida en la Tierra para todos los públicos”.

“Teruel y su provincia han encontrado en la ciencia un aliado para impulsar el desarrollo de su territorio, siendo la paleontología el germen inicial de este proyecto”, según se afirma al final de la tesis.

Cobos conocía Teruel desde el punto de vista paleontológico antes  de instalarse en la provincia pero no en profundidad, porque junto a La Rioja era un lugar de referencia, si bien precisa que no eran tantos los sitios donde se habían hallado fósiles de dinosaurios más allá de Galve, Castellote o Josa. En cambio, a raíz de la apertura de Dinópolis se produjo la “gran eclosión” que permite afirmar “que hoy día haya unos cincuenta municipios con restos de dinosaurios en la provincia, y además de diferentes edades geológicas”.

“Fue un acierto completo hacer un parque paleontológico como Dinópolis en Teruel con los resultados obtenidos”, sostiene Cobos al cumplirse el vigésimo aniversario de Dinópolis; veinte años en los que al mirar atrás aparecen muchos hitos en los que ha participado junto a sus compañeros de la Fundación, uno de los más relevantes el hallazgo de Turiasaurus y su publicación en Science en el año 2006, además de los descubrimientos de nuevos icnogéneros (huellas de dinosaurios) en El Castellar.

El Castellar

Con este municipio Cobos ha tenido una relación muy particular, hasta el punto de que acabó comprándose casa y convirtiéndolo en su pueblo de Teruel. Es ya uno más del municipio, que ha visto cómo sus calles se llenan de turistas para visitar los recursos que se han creado gracias a los hallazgos paleontológicos como el Dinopaseo. Algunas de esas iniciativas ya las planteó en su tesis doctoral defendida hace diez años.

Cobos es un científico de campo, al que le encanta patearse la provincia y conocer gente hasta implicarse con sus problemas aportando ideas y proponiendo soluciones, de ahí su participación también en movimientos sociales. Es un turolense más sin haber dejado atrás su tierra de origen, como recuerda el motivo ornamental que hay en la fachada de su casa de El Castellar con la reproducción de un dinosaurio del género Dacentrurus y la expresión Amalur, la “tierra madre” en euskera.

Con su trabajo ha crecido Dinópolis y no solo el parque paleontológico sino otros proyectos en torno a este recurso, y a su vez él ha crecido como científico con los fósiles encontrados en estos años, que en casos como los icnogéneros Iberosauripus y Deltapodus han podido ser definidos por él.

 

Cobos con su mujer Rosalía en 2003 en el yacimiento donde se halló el Turiasaurus


“Yo siempre tuve claro quedarme aquí porque vi que era un proyecto que siempre había sido como mi ideal, que era la difusión y poder investigar para difundir la historia de la vida en la Tierra”, cuenta. Al conocer sus pueblos asegura que se quedó “impregnado de la riqueza natural de la provincia, porque en pocos sitios había visto algo así”.

Es de los que tiene claro qué necesita la provincia para salir adelante, “un recurso endógeno, los fósiles en este caso, la geología, que atrae a gente formada por proyectos que tienen que ver con eso, que genera empleo y vocación científica además de otros aspectos de desarrollo territorial desde el punto de vista socioeconómico”, afirma en referencia al crecimiento turístico y de instalaciones hosteleras que ha conllevado.

Pero para eso también hay que creer en la provincia de Teruel y él, aun siendo de fuera, lo hace. “Hay que creer en Teruel, porque si no nadie estaría aquí; creo en sus gentes, en sus pueblos, en lo que he conocido, tanto es así que haces aquí tu vida y haces de tu profesión una pasión y de la pasión una forma de vida con todo lo bueno y lo malo que pueda tener todo eso”, afirma para concluir asegurando que “Teruel ahora mismo es todo y ha sido todo para mí, porque mi carrera profesional no es nada sin Teruel”.

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