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La Diócesis de Teruel y Albarracín espera  al que será su sexto obispo en 25 años La Diócesis de Teruel y Albarracín espera  al que será su sexto obispo en 25 años
El obispo José Antonio Satué, en una de sus visitas a Roma, saludando al papa León XIV

La Diócesis de Teruel y Albarracín espera al que será su sexto obispo en 25 años

El ciclo de permanencia media en el obispado se circunscribe a poco más de cuatro años
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El Obispado de Teruel se acaba de quedar vacante tras la designación de José Antonio Satué como nuevo obispo de la Diócesis de Málaga. Con este traslado del prelado oscense hasta tierras andaluzas se queda libre la Diócesis de Teruel y Albarracín y se abre un periodo de espera para saber quién será el nuevo inquilino que ocupará el cargo en la plaza Francés de Aranda.

Todo se inició cuando el pasado 27 de junio se hizo público el nombramiento del obispo Satué como titular en Málaga y el calendario comenzó a correr. El papa León XIV había confiado a José Antonio Satué una nueva misión y nuevos retos para avanzar en la cristianización y el afianzamiento de la fe católica.

José Antonio Satué en la presentación del Congreso de la Esperanza. J.C.E.


Este cambio ha conllevado que Teruel quede de nuevo sin guía y sea ya cíclica la ausencia de un titular de la Diócesis tras otro periodo de tiempo relativamente corto. A lo largo del mes de septiembre se producirá la declaración de sede vacante en Teruel y Albarracín, y será a partir de ese momento cuando León XIV designará nuevo obispo de la Diócesis. No hay que olvidar tampoco que José Antonio Satué forma parte del Dicasterio de los Obispos, cargo para el que fue nombrado por el papa Francisco I en 2023. Y sería también, desde esta posición, como podría participar en el nombramiento del nuevo titular para Teruel y Albarracín.

Cinco obispos

La Diócesis de Teruel y Albarracín ha conocido ya a varios responsables en los últimos años. Desde que en 1985 Antonio Algora fuera nombrado obispo de esta diócesis y hasta agosto de 2025 han pasado cinco obispos, siendo él mismo el que mayor periodo de estancia ha tenido en tierras turolenses.

Antonio Algora fue designado obispo de Teruel y Albarracín en julio de 1985 y permaneció hasta abril de 2003. Son 18 años los que, el zaragozano de La Vilueña, pasó como titular hasta ser nombrado obispo de Ciudad Real. Un periodo bastante longevo y más acorde a los plazos sobre los que solían desenvolverse en años pasados los obispos, cuando pasaban largos periodos hasta su siguiente destino o incluso con su fallecimiento.

Tras Antonio Algora, le tocó el turno a José Manuel Lorca, que fue designado obispo de Teruel y Albarracín en enero de 2004 y estuvo liderando la diócesis hasta julio de 2009. Un lapso de tiempo ya considerado corto, pues fueron poco más de cuatro años los que ejerció el obispado en Teruel y para ser trasladado a Cartagena. Aunque, ya como titular en el localidad murciana, permaneció como administrador de Teruel y Albarracín hasta septiembre de 2010.


A partir del cese de Lorca se abrió un espacio de tiempo considerable en el que la Diócesis de Teruel y Albarracín no tuvo titular.

Tras más de un año de vacancia, Carlos Escribano se convirtió en el sustituto de Lorca, ya que fue nombrado titular de la diócesis turolense por Benedicto XVI en julio de 2010, aunque no tomó posesión hasta septiembre del mismo año.

Su obispado se centró mucho en causas de apoyo y a la colaboración con organizaciones como Manos Unidas o Acción Católica Española. Y fue en Abril de 2016 cuando fue trasladado a la Diócesis de Calahorra y la Calzada.

Sería después Antonio Gómez Cantero quien ocuparía la sede del Obispado de Teruel, tras ser designado en noviembre de 2016 por el papa Francisco I, permaneciendo en el puesto hasta el 8 de enero de 2021, en que fue nombrado obispo de Almería, un cargo del que tomó posesión el 30 de noviembre tras la renuncia en dicha plaza de Adolfo González Montes.

Pasarían unos pocos meses para la llegada del último obispo, José Antonio Satué, que en julio de ese mismo año se hizo cargo de la Diócesis de Teruel y Albarracín. Su pastoral ha estado llena de actividad hasta el mismo día de su despedida, este domingo 31 de agosto con una eucaristía en la Catedral de Teruel. No en vano ha sido el impulsor de numerosos actos.

Su atención al mundo rural de la provincia de Teruel, peticiones para la implicación en la Semana Santa, la atención al sinhogarismo o la creación del Congreso de la Esperanza como hito más importante en su paso por esta diócesis. Un tránsito que lo ha catapultado a otra encomienda y con otros quehaceres, no muy distintos a los que hasta ahora ha llevado en Teruel, y tras su nombramiento por León XIV como titular de la Diócesis de Málaga.

Su marcha no ha dejado indiferente a nadie y ha creado un caldo de opinión sobre la estancia de los obispos en la Diócesis de Teruel y Albarracín. En general no ha sentado bien entre los feligreses y asiduos a la liturgia que haya cambio de obispo cada poco tiempo. Sin ser negativas las respuestas o percepciones, sí que hacen reflexionar. “Por un lado me parece bien y por otro no. Tendrían que mantener uno hasta que falleciera”, opinó Rosa María Diez Ibáñez, a su salida de misa.

Opiniones

Más pensativo estuvo Manuel Escriche: “No sé si es normal. Desconozco la frecuencia con la que se tienen que cambiar. No sé cuál es la forma para el cambio. No sé cuál es la razón por la que los mueven”. Se preguntó de varias maneras y finalmente concluyó que “cuatro años es poco tiempo para que esté un obispo”.

Con un rasgo de indiferencia y desconocimiento opinaba Miguel Mesado: “No sé si es mucho o poco tiempo el que están, y si tampoco son necesarios”. También advertía de su falta de implicación con la iglesia y añadió: “No es muy válida mi opinión porque no soy muy creyente. No estoy muy introducido en el tema”.

Más crítica con los cambios se mostró Carmen García: “Me parece mal porque cuando cogen la marcha se van. No sé por qué los cambian tanto”.

En un tono más alegre pero no menos inquisitivo se pronunció Jesús Latorre: “Me parece curioso que los cambien tanto, no debe ser muy atractivo para los creyentes que haya tanto cambio”.

Y con una pizca belicosa se expresó María Tamayo: “Me parece muy mal, si no dura un obispo es porque las cosas no van bien. No entiendo por qué cambian tanto”, inquirió.

En el plano positivo y con tintes participativos se encontraba Benilde Guillén, quien dejó claro que “deberíamos tener un obispo, nos lo merecemos”. Y aún fue más allá en su apreciación sobre la importancia de tener un guia pastoral: “Nos alegra tener obispo para que nos ayude y nos guie. Necesitamos un empujoncito”, finalizó.

Más conciliador y condescendiente se mostró Benjamín Latorre, que dejó las cosas del clero para que las resuelvan los propios eclesiásticos: “Creo que es un asunto interno de la Iglesia”.

Periodos

En cualquier caso habría que preguntarse qué papel juega la Diócesis de Teruel dentro del organigrama, ya que en España hay 70 diócesis, incluido el Arzobispado Castrense. En este momento son 77 obispos los que están en activo a los que hay que añadir 2 cardenales, 13 arzobispos y 12 obispos auxiliares. Todos ellos están al servicio de la iglesia y es el papa el que tiene la potestad de designar, cesar o trasladar a los titulares de las diócesis.

En el caso de la Diócesis de Teruel y Albarracín el periodo medio de permanencia, en los últimos 25 años, está en algo menos de cinco años, pues desde la marcha de Antonio Algora en 2003, ninguno de sus cuatro sucesores ha pasado más de cinco años consecutivos en esta plaza. Lorca (4 años y 6 meses), Escribano (5 años y 9 meses), Gómez Cantero ( 4 años y 3 meses) y Satué (4 años), son los periodos de permanencia, aunque estos periodos no están muy alejados de la media en España.

A estos datos habría que sumar que la diócesis turolense tiene una carencia de titularidad en los intervalos entre obispo y obispo de casi 9 meses de ausencia de titular.

Tras los 18 años que pasó en Teruel y Albarracín Antonio Algora, ya nadie se ha acercado a semejante estancia, pues además tuvieron que pasar más de ocho meses hasta que Juan Pablo II nombró un nuevo prelado. Aunque el mayor periodo de tiempo sin obispo se produjo entre la marcha de José Manuel Lorca y la llegada de Carlos Escribano, más de un año, ejerciendo el primero de Administrador hasta la toma de posesión del segundo.

Posteriormente, poco más de siete meses en cada caso, fueron los plazos para la toma de posesión de Antonio Gómez Cantero y José Antonio Satué.

Diversas cuestiones se pueden plantear sobre la Diócesis de Teruel y Albarracín y sobre el peso de la misma en el conjunto del territorio, o la necesidad de un plan pastoral más allá de cuatro años, e incluso si esta diócesis es considerada como un paso previo a otra de mayor envergadura.

Interrogantes que nacen de las opiniones de feligreses, que cada día o cada semana acuden a oír la palabra de Dios apoyados en sus creencias.

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