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Un libro aborda la historia del Torreón de Ambeles como la obra que catapultó la carrera del ingeniero Ramiro López al servicio de los Reyes Católicos Un libro aborda la historia del Torreón de Ambeles como la obra que catapultó la carrera del ingeniero Ramiro López al servicio de los Reyes Católicos
El Torreón de Ambeles, obra del ingeniero Ramiro López

Un libro aborda la historia del Torreón de Ambeles como la obra que catapultó la carrera del ingeniero Ramiro López al servicio de los Reyes Católicos

Arcatur, centro asociado del IET de la Diputación de Teruel, presenta la publicación este viernes en la sede de la DPT, junto a un sello de Correos alusivo a la construcción
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El centro de estudios Arcatur, asociado al Instituto de Estudios Turolenses (IET) de la Diputación Provincial de Teruel, presenta este viernes el libro Ramiro López y el Torreón de Ambeles, con el que se pretende dar a conocer la relación entre el más destacado ingeniero militar hispano del reinado de los Reyes Católicos y la construcción de la ciudad de Teruel.

El acto tendrá lugar en el salón de plenos de la DPT, el día 9 de enero a las 7 de la tarde, y contará con la presencia del consejero de Medio Ambiente y Turismo del Gobierno de Aragón, Manuel Blasco; el presidente de la Diputación Provincial, Joaquín Juste; la vicepresidenta primera y diputada delegada del IET, Beatriz Martín; Rubén Sáez y Javier Ibáñez, de Arcatur, y la directora del IET, Inmaculada Plaza, ha informado la DPT en una nota de prensa.

La vinculación de Ramiro López con la ciudad de Teruel fue trascendental para su vida profesional, remontándose a los orígenes de su carrera en el campo de la milicia. López está considerado un renovador en el campo de la ingeniería militar europea dado que sus aportaciones fueron muy valoradas, desde Durero hasta Vauban,pasando por Leonardo da Vinci.

En un reciente estudio sobre la muralla de Teruel, se ha identificado la presencia de Ramiro López en el Teruel de los años 70 del siglo XV, lo que supone retrotraer su carrera profesional casi una década atrás en el tiempo.

Reconstrucción de la muralla

Tras la Guerra de los Dos Pedros (1356-1369), se inició el proceso de reconstrucción de la muralla de Teruel, que había sufrido daños de consideración. Las obras fueron largas y costosas, prolongándose hasta bien entrado el siglo XV. Dentro de este proceso de renovación de las fortificaciones, se edificaron estructuras específicamente diseñadas para la utilización de artillería de pólvora. Éstas se concentraron en el entorno del Portal de Zaragoza, el sector más vulnerable del recinto amurallado y en el que mejor podían aprovecharse las prestaciones defensivas que ofrecía esta nueva tecnología.

La adquisición de la primera pieza artillera por parte de la ciudad de Teruel se documenta en 1411. A esta bombarda grande, en 1423 se le sumaron otras diez bombardas pequeñas, lo que supuso reunir una considerable capacidad artillera, que situó a Teruel al nivel de las principales plazas de la Corona de Aragón. Paralelamente, en esas fechas se construyó la Torre de la Bombardera, el primer torreón específicamente diseñado para albergar piezas de artillería de pólvora.

Otro importante hito en la defensa artillera de la ciudad, lo marcó la construcción del Torreón de Ambeles (o Torre Nueva) entre 1471 y 1480, la estructura más singular y novedosa de todo el recinto amurallado. Se trata de la primera obra conocida de Ramiro López. El Torreón de Ambeles, integrado en el Alcázar Real y con planta con forma de estrella, puede considerarse como la primera de las numerosas e importantes fortificaciones defensivas diseñadas por este prestigioso ingeniero.

Además de las obras de la Torre Nueva, Ramiro López fue nombrado por el Concejo como téc­nico para valorar el estado en el que se encontraba la muralla turolense en ese momento (23-2-1475). Cuatro años después (13-9-1479), sigue trabajando en una torre, manifestándo­se preocupado por los problemas que podían derivarse de los fríos.

El 24 de enero de 1480, los regidores turolenses pidieron a Ramiro López, maestro de la Torre Nueva, que declarase el valor de la piedra de la Sisa (otra torre de la ciudad que había sido desmantelada), que había colocado dicho año en la fortificación que estaba obrando.

La Torre Nueva – Torreón de Ambeles debía estar ya concluida en el momen­to en el que los Reyes Católicos visitaron Teruel (enero de 1482). Los monarcas debieron alojarse con casi toda seguridad en el Alcázar Real, al que se adosa dicha estructura. Ese mis­mo año, Ramiro López fue llamado a ser­vir en la Guerra de Granada, en las que desempeñó un papel de la máxima relevancia.

A tenor de todos los datos anteriores, se puede afirmar que la obra defensiva más original de todo el recinto amurallado turolense, el Torreón de Ambeles, fue obra de Ramiro López. Sería, precisamente, esta excepcional obra el trampolín que catapultó a López a la fama y que marcó el comienzo de una carrera profesional que lo condujo por los principales escenarios donde los Reyes Católicos peleaban por lograr la hegemonía continental.

Una carrera de éxito

De probable origen aragonés, hasta hace poco tiempo tan sólo se conocía su brillante trayectoria profesional entre 1483 y 1510, que le llevó por numerosos escenarios de la Península Ibérica, el Norte de África y el Sur de Francia. La primera mención conocida a Ramiro López en la documentación data de 1482 y se refiere a él como “lombardero” (especialista en el manejo de las piezas de artillería de pólvora). Durante los años siguientes, y en el marco de la Guerra de Granada, participó en los asedios de Ronda (Málaga) en 1485 y de Málaga en 1487. En el lapso que medió entre ellos, estuvo presente también en el asedio de Ponferrada (1486), plaza envuelta en un enfrentamiento de carácter nobiliario.

Fue en el asedio de Málaga donde se consolidó como uno de los principales artilleros del ejército real, tan sólo por debajo de Fernando Rejón y Francisco Martínez de Madrid. A partir de ese momento su ascenso fue meteórico, recibiendo cada vez encargos reales de mayor importancia, en buena medida a causa de la muerte de Rejón y el desplazamiento de Ramírez hacia otros asuntos de Estado.

En 1492 Ramiro López pasó a asumir el mando operativo de la artillería de la Corona, recibiendo a partir de entonces los títulos de Artillero Mayor, Maestro Mayor y Capitán de la Artillería. Coincidiendo con este momento, también comenzó a despuntar como brillante ingeniero, campo que no era nuevo para él, pues ya lo había puesto en práctica durante sus inicios en Teruel.

Un año antes, en 1491, había diseñado unos protobaluartes para la defensa del Real de Santa Fe, construido para asediar la plaza de Granada. De 1492 a 1495 se dedicó a modernizar las defensas granadinas, construyendo los protobaluartes de los Siete Suelos y de Las Cabezas en la Alhambra. Ambas fortificaciones contaban con complejos sistemas arquitectónicos, que las sitúan entre las obras más avanzadas del reinado de los Reyes Católicos en la Península.

En colaboración con Juan Rejón, acometió también la tarea de organizar la artillería que se encontraba dispersa por el Reino de Granada, además de supervisar la puesta en marcha de una fundición de cañones en Baza (Granada) en 1493 y otra en Medina del Campo (Valladolid) en 1496. En paralelo, también dirigió diferentes obras en las fortalezas del territorio granadino. Quizás sea obra suya el durmiente artillado del foso de Almuñécar (Granada) y considerado la primera caponera conocida de Europa.

En octubre de 1495 Ramiro López fue enviado por Fernando el Católico al Rosellón para evaluar el estado defensivo de la frontera con Francia. Allí acometió obras de mejora en las fortificaciones de Colliure o Perpiñán, además de poner en marcha una fundición de cañones en esta última plaza en 1499. Precisamente, en el Rosellón levantaría desde 1497 la que es su fortificación más emblemática: el Castillo de Salses.

Ramiro López también atendió otros asuntos peninsulares. El III duque de Medina Sidonia requirió de sus servicios para la conquista de Melilla en 1497. López diseñó unos baluartes portátiles y prefabricados que permitieron asegurar la playa de desembarco y que contribuyeron al éxito de la empresa. Su mano también resultó determinante en el proyecto de toma de Mazalquivir de 1498. Aunque no ha podido ser constatado documentalmente, quizás sus vínculos con la Casa de Medina Sidonia, le puedan adjudicar la autoría los castillos de Santiago en Sanlúcar y de Niebla (Huelva).

Su periplo por la geografía española le llevaron a participar en 1500 en las operaciones de sitio sobre Velefique (Almería), en el contexto de la rebelión de las Alpujarras. Pero, su papel más determinante lo desempeñó en la defensa del Castillo de Salses, cuando fue atacado por el ejército de Luis XII de Francia en septiembre de 1503. Su exitosa defensa de la fortificación incluyó la voladura de una de las barbacanas que había sido ocupada por los franceses. Para ello recurrió a la construcción de una mina pirobalística, en lo que supone uno de los primeros casos conocidos de esta práctica.

Finalizado el asedio, reconstruyó el Castillo de Salses, haciendo de él una de las fortificaciones más avanzadas de su época en todo el continente, por suponer un buen ejemplo del tránsito de las fortificaciones medievales a las abalaurtadas. Prosiguió con su frenética carrera, hasta al menos 1510, cuando ya no se tiene más constancia de su obra y vida en las fuentes documentales.

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